Quinto Día Online
Luis Eduardo Martínez
@luisemartinezh
Referéndum consultivo, constituyente, primarias opositoras, regionales, municipales. Cuando concluya el 2017, serán cinco las oportunidades en las cuales los venezolanos pudimos haber acudido a votar, para expresar nuestra opinión. En tres de ellas, el árbitro fue el CNE; en dos la sociedad civil, en solo una –las regionales- concurrió la oposición en lid con el oficialismo, mientras que en las restantes, incluidas las municipales, que se realizarán el próximo 10 de diciembre, solo una parte del país se hizo presente.
Nadie discute la gravedad de la crisis venezolana, que es económica, social y política, resultado de una gestión gubernamental que se aproxima a veinte años. Pero peor aún, muchos coincidimos en que si no se produce pronto un cambio de modelo y de políticas, la situación se degradará aún más. Expertos reunidos en el IESA pronosticaron que en el primer trimestre, Venezuela se hundirá en la hiperinflación, con un crecimiento de precios que promediará 4.700% al término del año, y una caída del PIB de 24%. Si es desesperante el aumento de precios hoy, las proyecciones significan que cada mes de los próximos se multiplicarán por cuatro, o para que lo entendamos mejor: si un pollo a la fecha cuesta 60 mil bolívares, en enero rondará los 200 mil; en febrero cerca de 700 mil, hasta alcanzar en diciembre los 10 millones de bolívares.
La hiperinflación nos afectará a todos, y la ruina será generalizada; no habrá ajuste de salarios, ni controles que valgan y la escasez del presente será recordada con nostalgia mañana.
¿Qué si es posible evitar la tragedia que se aproxima, o sumergidos en ella salir prontamente? Por supuesto que sí, y sobran los países que por culpa de malos gobiernos pasaron por trances similares, y reemplazados los gobernantes, la recuperación fue posible.
Aunque hoy parezca ingenuo, es votando como cambiar se vuelve viable y sostenible. Es cierto que la mayoría de los partidos políticos resolvieron pocas horas atrás no postular candidatos en las elecciones municipales, con lo que la participación será poca o no creíble -porque puede suceder que no habiendo testigos, distintos a los del gobierno, abulten las cifras-. Pero no lo es menos que cualquier otra vía se aleja de las soluciones en paz, que deseamos y merecemos. No tenemos armas, y la gran mayoría no sabemos usarlas; privilegiamos la vida y nos duele muchísimo la muerte de cualquier semejante. Desechamos la violencia, y a ella oponemos civilidad. Recordando al Gallegos de nuestras lecturas de estudiantes, nos identificamos con Santos Luzardo, frente a las arbitrariedades de Doña Bárbara.
Es por votar y hacerlo libremente por lo que debemos empeñarnos. Es por lograr que se depure el CNE, e impedir el sesgo del ‘Plan República’; evitar el voto asistido, forzado y/o “puyado”; garantizar la presencia de miembros de mesa imparciales, testigos y observación internacional y detener el uso grosero de los recursos públicos para favorecer a los propuestos por el oficialismo, que necesitamos unirnos, para, alcanzados estos objetivos, entonces el pueblo sí decida, votando, cuál es el país que quiere.