Quinto Día Online | Viernes de un Andariego
Viernes de un Andariego
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24 noviembre, 2017 | 12:00 am
Olmedo Lugo
Son muy escasos los amigos que aún le quedan al régimen, pero sus inescrupulosos cancerberos, tal como ha sucedido en otras ocasiones, llegan a pensar que si llegasen a reeditar la mascarada del diálogo, pudieran apaciguar un poco las múltiples penalidades que ahora padecen y, eventualmente, prolongar su precaria estadía en el poder.
La astuta maniobra de distracción ha sido para ellos de indiscutible utilidad frente a la cuestionable pasividad de la disidencia que ahora, visiblemente fragmentada, insiste en recorrer los mismos caminos que hasta el momento han resultado inviables para la apertura de la libertad de los prisioneros políticos, adecentar los procesos electorales, devolverle su estatuto constitucional a la Asamblea Nacional y sentar las bases para una transición presidencial, que es el clamor mayoritario de todos nuestros compatriotas. La sola presencia de José Luis Rodríguez Zapatero en el elenco de los participantes, induce a las sospechas y al mal presagio para los desarrollos de las conversaciones que, por supuesto, tendrían otros interlocutores latinoamericanos, distintos a los de Bolivia y Nicaragua, aliados sempiternos del “chavismo-madurismo”. La Iglesia venezolana, tal como ha sido la constante, ha criticado abiertamente las modalidades que se le han introducido a este nuevo evento. Ella, que es la institución con la mayor suma de credibilidad en el país, es la que aboga porque cada detalle que se ventile en ese evento, sea ampliamente difundido a todos los venezolanos, porque como lo dice el refranero popular, “a quien es picado de culebra, cualquier bejuco lo asusta”.
Hasta ahora la veracidad de quienes nos han representado en este tipo de encuentro ha estado en entredicho, porque muchos de ellos son poco creíbles y tal vez, a los más vociferantes, se les endilga la condición de mantener negociaciones con el régimen. Lo cierto es que nadie podría aventurar lo que allí, en ese encuentro, pudiera suceder. Pero si se mantiene la terquedad del régimen para acceder a todas las prácticas democráticas tradicionales para facilitar la transición, o si no sobreviene un sacudón frente a la parquedad opositora para reclamar su condición de mayoría en el país, el ciclo de espontáneos y consistentes apoyos que se han cosechado en el plano internacional, se irá extinguiendo paulatinamente.
-Este encuentro –uno escucha el comentario-, si es que el gobierno no impone sus trabas acostumbradas, pudiera ser decisivo para pronosticar un futuro más promisor para la causa democrática. El gobierno políticamente se encuentra acorralado en el plano internacional. Y si a ello se suman las estrechas posibilidades de conjurar los letales efectos de una inmensa deuda, el abismo más profundo le queda a la vista. Se impone por ello un excepcional equipo de negociación, donde la transparencia y el coraje anden de la mano y el resultado se traduzca en algo tangible, y capaz de devolvernos la esperanza en un futuro mejor.
Lo cierto es que esta pudiera ser la última partida que los venezolanos juguemos en el cruento episodio que estamos padeciendo. La muerte, el hambre, las múltiples carencias que todos soportamos, y ese afán desmedido de los “hombres nuevos” por enriquecerse fácilmente con los bienes que nos pertenecen, obligan a un diálogo donde la decencia y la pulcritud sean los grandes convidados.
Muy tensa la espera.