Quinto Día Online | Viernes de un Andariego
Viernes de un Andariego
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Quinto día Old
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27 octubre, 2017 | 12:00 am
Olmedo Lugo
Como las derrotas habitualmente son huérfanas, no resulta difícil inferir que durante un tiempo relativamente largo, las críticas más diversas –unas más verosímiles que otras-, continuarán lloviendo sobre las cabezas de los conductores de la disidencia. Y es que ya vistos y analizados los catastróficos resultados de las recientes votaciones regionales, resulta muy fácil, aunque no siempre justificado, adjudicarle esa suerte de hecatombe a quienes persistieron en transitar ese tenebroso camino. Si bien no fue unánime la acogida que obtuvo la convocatoria a sufragar, en condiciones cargadas de sospechas, buena parte de los opositores, con los recelos por delante, optaron por el acompañamiento a tal iniciativa. Por supuesto que a todo ello contribuyeron las insistentes garantías de que la victoria estaba asegurada, que el sistema estaba blindado con la abundancia de testigos, y que el régimen, cercado internacionalmente, sin los recursos financieros del pasado, con deserciones significativas en su antiguo fichaje, y en su condición de único responsable de la pesadilla horrenda en la que estamos sumidos, estaba destinado a una rotunda derrota. Por supuesto que abusos de todo tipo, zancadillas y trapisondas aparte, la vida misma se encargaría de demostrar la errática predicción de los conductores de la disidencia y ahora, más allá de los legítimos y oportunos reclamos, no parecieran que existen oportunidades para reponernos de la cruel circunstancia, que en estos tiempos malos estamos viviendo.
-Ahora –uno escucha el comentario- el adversario cobró nuevos bríos, algo absolutamente inesperado. Nuevamente se sienten poderosos y ofensivos y en capacidad de aceptar cualquier desafío, no sólo en el campo interno, sino también fuera de nuestras fronteras. Ya la sonoridad que hasta hace poco llegó a tener el reclamo internacional para precipitar los cambios, pareciera haberse ido apagando paulatinamente. Los reclamos de quienes nos sentimos burlados y en condición de perdedores, no han tenido la resonancia de otros tiempos y la frustración, la apatía y la modorra, parecieran haber sustituido al optimismo y la pasión redentora de otras épocas.
En realidad, los estudiosos de la conducta humana intentan encontrarle explicaciones coherentes y racionales al actual estado de ánimo de los compatriotas que durante muchos años han invertido sueños y esfuerzos, para impulsar los procesos que se requieren para revertir los efectos de la peor crisis que históricamente padecemos. Resulta claro que esa preocupante sintomatología no experimentará cambios con las elecciones de nuevos gobernantes en las regiones y todo ello quiere decir que el hambre, la muerte y todas las carencias imaginables, continuarán siendo, nadie sabe hasta cuándo, nuestros inseparables compañeros.
Por supuesto que toda acción política es propensa a sufrir este tipo de contingencia, pero más allá de los desmesurados intentos por encontrar culpables, pareciera imponerse el rescate de la credibilidad y respetabilidad de los líderes, en capacidad de galvanizar el extendido deseo de un cambio que todos aspiramos a vivir nuevamente, como lo hicimos en un pasado reciente.
La lucha continúa.