Quinto Día Online | Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

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28 julio, 2017 | 12:00 am

Olmedo Lugo

Al tiempo que se fortalece la percepción de que la Asamblea Nacional Constituyente traerá consigo la definitiva destrucción de un país envuelto en ruinas, como es el nuestro, también entre vastos sectores de la sociedad se acrecienta la idea de que estaríamos en vísperas de ingresar en los turbulentos escenarios de la guerra civil. De las secuelas de ello, ya no bastan las palabras porque los ejemplos que se han visto, en distintos lugares del planeta, constituyen irrefutables testimonios de la lamentable herencia que suelen dejar todas las hecatombes de esa misma naturaleza. Siempre la sangre derramada inútilmente, los excesos colectivos acicateados por el odio, bien sea político, religioso o racial, suelen ser escalofriantes por los tantos mecanismos de destrucción que en el transcurso de esas luchas fratricidas acostumbran emplearse. Pero, en cualquier caso, un país tan desasistido como el nuestro, en ruta directa hacia su exterminio, ha encontrado totalmente cerradas todas las vías para solventar sus diferencias a través de los medios pacíficos y democráticos que nos enseña la Constitución Nacional. Pero un gobierno que definitivamente perdió su base social, la misma que alguna vez les catapultó a las alturas del poder, económicamente estrangulado y sin esperanzas de auxilios en los centros del poder financiero y además, completamente asediado por los grandes y pequeños países del escenario mundial, sólo tiene ese recurso como única opción que, tentativamente les permitiría conservar el poder entre sus manos. Por supuesto que el país, en su inmensa totalidad, está negado a suscribir al socialismo como forma de vida. Lo que acontece en Cuba, tras de medio siglo de dictadura, es poco estimulante y si se cierran las vías imaginables para la solución de esta terrible coyuntura, las alarmas que pudieran anunciar diferentes estilos de lucha, necesariamente tendrían que encenderse.

-Esta gente –nos diría alguna vez, antes de su muerte, nuestro exdirector de El Nacional, Ramón J. Velásquez- nunca dejará pacíficamente el poder. Por una jugarreta del destino llegaron a él y precisamente ese fue el momento para enriquecerse groseramente y lograr, como rarezas de la vida, una existencia cómoda con todo lo que ello supone y que nunca llegaron a imaginar.

Al parecer el expresidente, historiador, parlamentario y periodista, fue absolutamente certero en sus apreciaciones porque ese es el paisaje que todos estamos mirando. Es claro que una confrontación armada como de la que se viene hablando, requeriría del necesario avituallamiento, pero de ello se encargarían en algún momento los infaltables “perros de la guerra”, diestros en tales asuntos. De cualquier modo hay que tomar en cuenta que dentro y fuera de las Fuerzas Armadas y entre vastos contingentes de compatriotas, no escasea la animosidad para enfrentar eventualmente contingencias tan desesperanzadoras como aquellas. Lo cierto es que Venezuela como país, no aceptaría bajo ninguna condición la implantación de un sistema político que nos emparejaría con las peores dictaduras del mundo. El candor de una disidencia con incomparable vocación democrática, pudiera muy bien experimentar bruscos cambios, lo cual sin lugar a dudas desataría el pandemónium, algo que todos rechazamos.

Horas de reflexión.