Quinto Día Online | Viernes de un Andariego
Viernes de un Andariego
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23 junio, 2017 | 12:00 am
Olmedo Lugo
Demás está decir –sería llover sobre mojado- que durante este régimen maligno, la corrupción, en sus más distintas variedades, se ha convertido en algo verdaderamente silvestre y cotidiano. Y como para ponerle un mayor aliño al asunto, no pareciera existir ningún resquicio donde sus constantes, y también lapidarios efectos, no se hagan sentir. La disposición para el aliento de tan diabólico ingrediente usualmente proviene desde las más encumbradas instancias del poder, donde precisamente la impunidad y las complicidades son las principales invitadas; se cobijan y se protegen, sin importar el empeño que algún tercero desarrolle para poner al desnudo tanto la autoría como las magnitudes de los daños ocasionados. Los casos son prácticamente incuantificables, pero sólo bastaría con observar las omisiones del gobierno para enfrentar los acontecimientos ocurridos en Brasil con la oleada de corruptelas que acompañaron las gestiones de Lula y la Rousseff, para saber lo que podemos esperar al respecto. En casi todos los países de América, los hechos del coloso carioca provocaron verdaderos terremotos. Notables personajes de la política y los negociados han sido señalados como transgresores del ordenamiento fiscal, y muchos de ellos esperan años de cautiverio. Pero en Venezuela no habría pasado nada. Está incontaminada. Ningún personaje del régimen más corrupto que hemos conocido, ha tenido que ver con aquellos estremecedores episodios que ahora tienen en vilo al propio gobierno de Temer. Los “santos” de aquí, no recibieron ni una sola moneda brasileña a cambio de los jugosos contratos que autorizaron. Hubo, si, la tentativa fallida de Maduro de endilgarle a Henrique Capriles algún tipo de connivencia con el escándalo de Odebrecht, pero el gobernante mirandino demostró fehacientemente que cualquier sospecha tenía que apuntar hacia su antecesor en el cargo, el inefable Diosdado Cabello.
-Si en la cúpula del poder –dice el amigo- la tónica es la de abrir los caminos para la riqueza fácil y rápida con los bienes públicos, también los subalternos, bien sean civiles o militares, encuentran el sendero despejado para que prospere cualquier tipo de actividad ilícita, capaz de repletar sus bolsillos siempre abiertos.
Ciertamente que en estos largos lustros que inauguró el “eterno”, todos los venezolanos hemos presenciado la ostentosa riqueza que muchos de sus validos han acumulado, a sabiendas de que para ellos, y mientras el régimen se prolongue, habrá un infranqueable y protector muro tejido por el autoritarismo para amortiguar cualquier contingencia que suponga castigo para tantas trapisondas cometidas.
-En cualquier caso –se alarga la conversa- el robo, la extorsión, el secuestro y todas las derivaciones imaginables del narcotráfico, figuran en ese arsenal delictivo que a menudo seduce a quienes estaban llamados a proteger y salvaguardar a todos los ciudadanos y sus bienes.
Tal vez por ello la marcada exacerbación que existe entre los venezolanos, hoy en lucha contra una Constituyente que sólo prolongaría esta horripilante pesadilla.
La hora es de persistencia.