Quinto Día Online
Olmedo Lugo
Muy poco prometedor se avizora el futuro para este elenco nefasto de gobernantes que ha protagonizado la más protuberante y diabólica pesadilla que hemos vivido todos los compatriotas en nuestro tránsito republicano. Por supuesto, hasta el momento, todos los que han incurrido en las más distintas variedades de la corruptela muy poco han hecho para disimular sus trapisondas, traducidas en riquezas que suelen exhibirse con ostentación. Pero todo el mundo también sabe que un día no muy lejano, -con los recursos de la tecnología y el concurso de los dispositivos policiales del mundo- esos bienes públicos retornarán al mismo lugar desde donde nunca debieron salir. Todo el empeño que el régimen autoritario y militarista que tenemos está desplegando para proteger sus intereses malhabidos, en cualquier momento, y más temprano que tarde, resultará inútil para detener el impulso aluvional de todo un pueblo ya explicablemente cansado de las complicidades y la impunidad que han exhibido a lo largo de estos lustros infames quienes -empezando por el “líder eterno”- han tenido en sus arbitrarias y sangrientas manos el destino del país.
“-Ellos –comenta el amigo-, esa legión de malandrines, se niegan a abrirle los caminos al cambio que demanda la Venezuela democrática y comprobadamente mayoritaria. Temen, por supuesto, la demoledora avalancha que se les vendrá encima y consideran extremadamente difuso el destino que finalmente les esperará. Es claro que por ahora, poco le seducen países como Cuba, Zimbabwe o Bielorrusia, pero están convencidos que otros destinos donde existan la CIA, FBI, Mossad, Interpol o cualquier otra institución de su misma naturaleza, supondrían los temibles “ganchos” y episodios judiciales donde a diferencia de lo que entre nosotros ocurre, se respetarían sus derechos, aunque sus actuaciones, como todos lo saben, hayan contrariado los derechos humanos fundamentales.”
Lo cierto es que esas riquezas que actualmente ostentan, luego de haber sido generalmente unos “pobres de solemnidad”, como por muchos años les conocimos, serán muy difíciles de retener una vez hayan perdido los beneficios del poder. En cierto modo esta situación constituye para ellos una gran pesadumbre. Tanto civiles como militares incursos en esos delitos, y otros muchos que ya lindan con la lesa humanidad, temen perder el goce de tantas prebendas adquiridas por los caminos sucios. El disfrute de esas fortunas sería tan breve como también rápida fue la acumulación de tantos bienes robados.
No existe –se alarga la conversa- una escapatoria posible, porque el daño inferido a nuestro patrimonio a todo lo largo de este maléfico régimen, ha sido muy cuantioso y también demasiado extenso.
Por supuesto que no quiere el Revocatorio porque el mismo significaría ponerle término a este dramático estado de cosas. Ellos confían ciegamente en la supuesta lealtad de unas Fuerzas Armadas excesivamente divididas. Allí existen muchos malvivientes con riquezas inimaginables, pero también cohabitan hombres decentes y honrados que, abrumados por la vergüenza, un día darán la cara también en procura de una vida en libertad y civilización.
Así estamos.