Quinto Día Online | Una vida plena

Opinión

Una vida plena

26 enero, 2018 | 12:00 am

Hildegard Rondón de Sansó

Me he tardado mucho en encontrar un título para el presente artículo, ya que el mismo versa sobre René de Sola. Quizás la palabra que mejor llene la tarea de definirlo sea la de “polifacético”, pero me niego a usarla porque, generalmente, a quienes se le otorga tal calificativo dominan varios campos y actividades, pero en forma superficial. Preferimos por ello hablar de “una vida plena”, para recordar que René de Sola, si bien proyectó su presencia en múltiples campos, actuó en todos ellos con la eficiencia del técnico y la elegancia del diplomático. En esta plenitud, tanto interna como externa, transcurrió el lapso vital de nuestro querido maestro, que nos ha dejado.

René de Sola al escoger su carrera profesional elige el campo del Derecho porque era la época en que lo jurídico representaba el mejor conocimiento que un humanista podía poseer. Múltiple también en su ámbito de formación, se gradúa en la Universidad Central de Venezuela en el año de 1943, obteniendo más tarde el Doctorado en Derecho de la Universidad de París. Además de los doctorados académicos, recibió varios doctorados honoris causa, como lo fue el de Filosofía en la Universidad de Tel Aviv, de Israel. Así como fueron múltiples sus títulos, lo fueron también sus actividades, porque no solo fue un gran jurista que se desarrolló en el campo de la docencia como profesor de la UCV y Decano de dicha universidad, sino que, asimismo, publicó muchos textos para el estudio y la investigación, en diferentes disciplinas del Derecho. Otra de sus actividades exitosas fue la ejercida como embajador, sobre todo la que desempeñara en el organismo cultural más importante de las Naciones Unidas, como lo es la Unesco. Allí desarrolló una labor extraordinaria y llegó a ser presidente alterno de su Junta de Apelaciones.

Puede señalarse que René de Sola tuvo también experiencia en el desempeño de cargos en los poderes públicos tradicionales. Así, fue ministro de Relaciones Exteriores; estuvo en el Poder Legislativo, en su condición de Senador Suplente del Distrito Federal. Lo vemos también como miembro de academias nacionales y extranjeras. En efecto, fue presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela y asimismo, titular del sillón letra “U” de la Academia Venezolana de la Lengua.

René de Sola mantuvo una dedicación intensa por las expresiones culturales que el mundo podía ofrecerle. Fue por ello un gran lector de novelas y ensayos; fue amante del teatro, llegando al extremo de traducir del francés algunas obras de Ionesco. Igualmente fue amante de la música, particularmente de la ópera.

Hay múltiples expresiones e ideas que provienen del hombre sabio que nos acaba de dejar. Una de ellas es una frase que siempre he utilizado, y es que “el Derecho es uno solo. De allí que sobre algo jurídico se sabe o no se sabe, y no cabe la excusa de dominar solo las ramas especiales”, que son solo un ejercicio mecánico de las respectivas disciplinas.

Otro don de este glorioso jurista era la discreción, al punto que sus escritos, discursos u opiniones era escuetos, por el respeto hacia el auditorio y el deseo de mencionar tan solo lo importante.

No podemos dejar de mencionar en estas notas que era amante de la buena mesa, gourmet y guía en la cocina y, más aun, lo era en las reuniones familiares.

Hay muchas otras tantas cosas que hablar de él, sobre todo de su nacionalismo puro, elevado, que está presente en sus dictámenes, sobre todo en el relativo al Esequibo y en la jurisprudencia que dictó como magistrado. Es interesante anotar que cuando vemos las frases que se le atribuyen, todas tienen la misma altura y nobleza porque siempre están a favor de quien tiene la razón, es decir, a favor de la justicia.