Quinto Día Online | Un vulgar golpe de Estado
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Un vulgar golpe de Estado
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23 junio, 2017 | 12:00 am
Luis Beltrán Petrosini
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Los últimos acontecimientos demuestran que el gobierno ha entrado en una suerte de círculo vicioso en el que sigue dando vueltas bajo las mismas circunstancias, sin lograr el menor aliento en las pavorosas condiciones políticas y económicas en las que ha sumergido al país y que tienen un solo destino: una auténtica catástrofe. En efecto, el empecinamiento en continuar la aplicación de políticas económicas cuyo resultado ha sido de nefastas consecuencias para la inmensa mayoría de la población -solo algunos privilegiados estrechamente vinculados al régimen han visto crecer en forma, por demás grotesca, sus ya inmensas fortunas-, ha provocado un incremento cada vez mayor en el rechazo político al gobierno, el cual se pone de manifiesto en el enorme número de manifestaciones de oposición que cada semana se producen a lo ancho y largo de la geografía nacional. Basta con analizar a grosso modo la mayoría de los estudios de opinión que se realizan periódicamente para confirmar esta apreciación. La tenebrosa represión empleada para intentar controlar estas manifestaciones, no ha hecho otra cosa que incrementar el nivel de rechazo popular, hasta el punto de que ya no es solo “el este” el que sale a levantar su voz de protesta, sino que un territorio hasta ahora vedado a la oposición, “el oeste”, también se ha comenzado a sumar a esta ola que amenaza con convertirse en un auténtico tsunami.
Resulta difícil entender que un desastroso comportamiento de la economía nacional, producto, repito, de erróneas políticas económicas aplicadas y que han traído como consecuencia, entre otras innumerables plagas, una caída estruendosa de la actividad económica, una inflación que desde hace un par de años ya es la más alta del mundo, una escasez de productos básicos -fundamentalmente alimentos y medicamentos-, no haya resultado en una reflexión profunda en la dirigencia gubernamental sino que, asumiendo que los venezolanos somos idiotas de nacimiento, nos quieran hacer creer que todo ello es producto de una conspiración en donde participa el imperio -cuyo objetivo es apoderarse de nuestro petróleo, como si ellos no tuvieran-, en combinación con lo que ellos denominan la “derecha” venezolana, ignorando que esos conceptos de izquierda y derecha están hoy tan devaluados en el mundo, que su sola mención lo que provoca es una enorme hilaridad. Basta con imaginarse a Nicolás Maduro y a Diosdado Cabello como integrantes de eso que en algún momento se catalogó como un movimiento político con una ideología de izquierda, y es para morirse de risa.
Lo grave de todo esto es que ese empeoramiento del ambiente político tiene a su vez un efecto pernicioso sobre la economía, y eso explica lo que ya desde hace meses se ha convertido en un auténtico círculo vicioso, en el que lo económico empeora lo político y esto, a su vez, agrava lo económico.
La respuesta a la problemática situación planteada no ha podido ser más torpe. Ante la auténtica desesperación que produce el fracaso en todos los programas iniciados para recuperar la economía y ante la avalancha de las protestas producto de las infames condiciones de vida que sufrimos los ciudadanos de este país, no se les ha ocurrido nada mejor a los ideólogos que fijan los lineamientos políticos del régimen que inventar un llamado a la preparación de una nueva constitución, que no es otra cosa que un mecanismo para perpetuarse en el poder e implantar un modelo político económico, rechazado por la mayoría de la población, consciente de que supone, como ha ocurrido en todos los países en los que se ha instaurado, un barrido de la escasa institucionalidad que queda y la ruina absoluta del país. Esta propuesta no ha hecho sino exacerbar la oposición al régimen, el que, a su vez, ha aumentado la represión contra manifestaciones pacíficas hasta un grado que no habíamos visto en los últimos años. Ya no se trata de controlar una marcha de miles de ciudadanos que piden democracia y libertad. Los que ya podemos considerar como auténticos sicarios de Maduro y su corte, esa guardia nazi que nunca será olvidada en el futuro, han procedido a la utilización de armas de fuego contra ciudadanos desarmados, en flagrante violación de la Constitución y de todos los convenios internacionales sobre Derechos Humanos. La responsabilidad de esos asesinatos recae no solo sobre sus autores materiales, sino también sobre los máximos jerarcas de una institución militar que ya no podrá gozar de respeto alguno en el futuro por parte de los venezolanos. Ojalá que el resto de esa institución, el Ejército, la Marina y la Aviación, se deslinde de la actuación de los gorilas de Maduro y rescaten el respeto que alguna vez se tuvo por las Fuerzas Armadas.
Las recientes decisiones del gobierno de Maduro han profundizado el golpe de Estado que poco a poco se ha estado produciendo en Venezuela. Esa cruel realidad nos obliga a acatar el mandato constitucional recogido en los artículos 333 y 350 de nuestra Carta Magna, que nos llama a desconocer abiertamente las decisiones tomadas por el dictador, muy especialmente la relativa a la convocatoria del inmenso fraude constituyente que se fragua para finales del mes de julio. Todo esto conforma un cuadro de degradación moral en el Estado venezolano que nos obliga a todos los ciudadanos de bien a rechazar con vigor una vulgar dictadura militar que se nos intenta imponer, cualesquiera que sean los sacrificios en los cuales tengamos que incurrir.