Quinto Día Online | Un inmenso poder

Una opinión, Cinco temas

Un inmenso poder

AUTOR
Quinto día Old
webquintodia@gmail.com

22 septiembre, 2017 | 12:00 am

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

Maduro debe ser uno de los pocos “gobernantes” del mundo que tiene la “capacidad legal” de regalar dólares. Porque suministrar dólares a la tasa de cambio de 10 bolívares, es regalar dólares. Trump no puede hacer eso. Rajoy tampoco. Ni Santos, ni Macri, ni Bachelet. Putin puede regalar dólares, pero de manera ilegal, los jeques del Golfo Pérsico lo harán con discreción. Pero Maduro no. Él regala dólares, millardos de dólares de manera “legal”, conforme decidiría el TSJ.

Y los regala a diestra y siniestra. Es decir, a propios y contrarios. Eso le da un poder inmenso para manipular la política… A cualquiera lo puede hacer millonario, o hasta billonario en un instante. De allí surgió la boli-plutocracia. De eso se trata la estafa cambiaria de 250 mil millones de dólares, denunciada penalmente por el exministro Jorge Giordani. Y lo que se ve, mucho me temo, es sólo la punta del iceberg.

¿En urna blanca?

La ingenuidad tiene sus aspectos positivos, pero en la lucha política puede ser fatal. No se trata de caer en el otro extremo, y pensar cínicamente de todo y de todos. Eso es incluso peor. Sin embargo, el realismo es necesario para entender por qué pasa lo que pasa. No creo que la “estrategia” o la “ideología” sean los factores determinantes para explicar el continuismo de la hegemonía y la deriva de la oposición. Hay otros elementos, más de corte “pragmático” que no se pueden subestimar.

Cuando la política se convierte en un negocio lucrativo, quien tiene el control de los recursos suele llevar ventaja. Nada de esto es un secreto, y en nuestro país, a pesar de la censura, se llegan a conocer muchas realidades. Quien no quiera verlo así, merece ser enterrado en una urna blanca. ¿O no?

Un lenguaje de malandros

El debate político no es, ni puede ser un juego floral. Pero de allí a que sea un típico contrapunteo de malandros, hay una diferencia oceánica. Los insultos de Maduro a sus oponentes no conocen límites, al igual que en el caso de su predecesor. Y como la apuesta es tan alta, entonces algunos de los ataques que recibe son del mismo tenor.

La esencia de la parla malandra es la descalificación personal. Y mientras más grosera o grotesca, más malandra. Los hechos, los argumentos, las políticas no importan para nada. “Pura paja”, dirían los pranes de la política. Lo que importa es tratar de destruir la imagen o la reputación del adversario. Y para ello, el poder no ahorra ningún medio, por más escandalosamente falso o ilegal que sea.

Los obispos en la mira

Una representación calificada de la Conferencia Episcopal Venezolana se reunió con el papa Francisco en su reciente viaje a Colombia. Al no más regresar a Venezuela, fueron insultados por voceros del oficialismo, comenzando por el propio señor Maduro. Ojalá y la Nunciatura en Caracas haya tomado nota de ese nuevo episodio de descargas declarativas y lo haya transmitido a la Secretaría de Estado, que dirige el cardenal Parolin.

El Vaticano insiste en que puede encontrarse buena disposición para un diálogo político en Venezuela. Pero por los lados del poder establecido, esa buena disposición no puede encontrarse, porque nunca ha existido, ni existe. Y todos los días dan pruebas al respecto. Quien lo dude, favor preguntarle a los obispos más conocidos de la nación venezolana.

La alfombra de Almagro

El secretario general de la OEA, el socialista Luis Almagro, excanciller de Pepe Mujica, el presidente uruguayo más amigo de Maduro, se las ha jugado por la causa de la reconstrucción democrática de Venezuela. Sin ambigüedades ni recovecos. Su trabajo ha sido claro, diplomático y directo. Una diferencia notable con los tejemanejes de su antecesor, el chileno Insulza. Pero me temo que no ha encontrado suficiente eco en algunos sectores llamados a apoyarlo dentro de Venezuela, si nos atenemos, por lo pronto, al llamado “diálogo dominicano”.

Muchos de los partícipes internacionales del “diálogo dominicano” han sido críticos de Almagro. Más o menos han repetido la versión de la hegemonía roja. No en toda su crudeza y vituperio, pero intentando cercarlo o anularlo. Y en muchos sentidos, el “diálogo dominicano” lo que busca es, precisamente, quitarle fuerza a la OEA como escenario de la discusión hemisférica sobre la tragedia venezolana. Es decir, quitarle la alfombra a Almagro. Espero que no lo logren.