Quinto Día Online | “Sociología del chisme”

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“Sociología del chisme”

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29 agosto, 2013 | 10:11 pm

“Chisme”, según los diccionarios, es “noticia verdadera o falsa con que se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de algunas”. En sentido figurado y familiar “el que versa sobre cosas de poca importancia”. Chismear: “traer y llevar chismes”. Chismografía: “ocupación de chismear”. Chismoso: “que chismea o es dado a chismear”.

Los anteriores constituyen el valor semántico de los términos que se expresan, de los cuales puede extraerse el sentido global-cultural que los mismos poseen.

En el caso del “chisme”, el mismo es indudablemente una noticia; pero si fuera tal, simplemente, no tendría un valor negativo. El chisme versa sobre un hecho que tanto puede ser real como puede ser falso; pero, en todo caso, es baladí, insustancial y sobre todo, infundado lo cual no significa que no pueda tener base y razón, sino que se divulga sin sustento alguno. He aquí la gran diferencia entre el chisme y la noticia.

El elemento más importante del chisme es la ratio o teleología de la conducta, porque a diferencia de la noticia, que tiende a informar y a ilustrar, el chisme tiene como único objetivo el hacer daño.

Cada vez que un sujeto público, y con este adjetivo englobamos a una categoría vastísima, por cuanto lo merecen todos aquellos que operan para una pluralidad indeterminada de personas, hace un señalamiento, sin atribuirse su autoría y sin pruebas, está propagando un chisme, es decir, está chismeando (“osea”, como dicen los pavos, es un chismoso).

En la crónica que acompaña todos los estadios de la historia vernácula, uno de los elementos vitalizadores de la vida de la comunidad ha sido las llamadas “bolas o rumores”, que son pedacitos de piedra que se hacen deslizar por una cuesta y que van engrosando en su caída hasta llegar a constituir aludes. La “bola” no es sino el chisme condimentado con el elemento sugestivo de la confidencialidad, de esos secretos que se denominan “a voces”.

Es una constatación objetiva que incluso los periódicos serios, es decir, los no amarillistas, se comienzan a leer por la sección de chismes, así: esta la sección oficial del chisme, que es la del comentarista político que suelta lo que le han dicho sin señalar fuentes. El chisme humorístico, es el disfraz del chisme. El chisme carnavalesco va recubierto de una edulcorada capa de humorismo, lo cual significa el método de hablar mal de los demás con la excusa de que es sólo “en broma” (animus iocandi). Este humorismo tiene la característica de que sus víctimas pueden ser personajes archiconocidos que dejaron de tener privacidad porque adquirieron el “mérito” de ser figuras públicas y, en consecuencia, disponibles en todos sus ámbitos (aspecto físico, vida familiar, relaciones afectivas, etc) por cualquiera.

Otro renglón de chisme es el llamado social o “sociales”, es decir, el que alude a los círculos donde siempre se celebra algo. La gente cae en las luces de estos reflectores creyendo que está enalteciendo su personalidad, cuando por el contrario, el flash de una sonrisa forzada dentro de un grupo estereotipado de celebrantes, lo que hace es rasgar el velo de su privacidad.

Están también los chismes de farándula, de los cuales sé poco, pero suficiente para poder afirmar que son lo más desgarradores y crueles, porque en ellos no hay límite respecto a lo confesable o no confesable.

Otra modalidad de chisme son los “remitidos” o cartas que públicamente un sujeto envía a otro, poniendo como testigo a la anónima colectividad de los lectores.

Todos los casos y ejemplos mencionados son auténticos y cualquier rechazo que se haga de tal autenticidad alude a situaciones absolutamente aisladas y excepcionales; pero lo importante es que todos, absolutamente todos, tienen como característica común el ser: infundados; mal intencionados en mayor o menor grado, y totalmente baladíes en su esencia.