Quinto Día Online | Si acaso me preguntan (III)

Opinión

Si acaso me preguntan (III)

AUTOR
Hildegard Rondón de Sansó
hildegard.rondondesanso@gmail.com

23 marzo, 2018 | 12:00 am

Sí, efectivamente el título de este artículo es una parodia de una canción de semi despecho, en la cual, una de las partes involucradas en una relación sentimental, le dice a la otra: “Si acaso te pregunto, si algún amor escondes…”. Con lo anterior se manifiesta el carácter simplemente hipotético de lo planteado; carácter este análogo a la situación en la que me encuentro, al escribir sobre el objeto de la presente.

En mi caso, me coloco en el papel de la persona que tiene algo que decir, a sabiendas de que nadie se lo va a preguntar. En efecto, el hecho de que exista una respuesta es más que ilusorio y lo es en grado superlativo, si se atiende a que el destinatario de mis inquietudes es un organismo destinado, nada más y nada menos, que a crear una nueva Constitución para un Estado nuevo, supuesto dirigido a establecer un ordenamiento jurídico nuevo, esto es, la Asamblea Nacional Constituyente, que ha sido convocada para el logro de los efectos antes señalados.

Con la anterior explicación se puede entender por qué la pregunta se dirige a los constituyentistas, quienes por una parte, no me han preguntado nada, ni van a hacerlo y, además, no le darían importancia alguna a lo que pueda decirles.

Pero jugando al azar, es decir, previendo la hipótesis irreal de que el presente artículo llegue a tan importantes personajes, quienes podrían incurrir en el hecho negado de que se entusiasmasen con las ideas que les quiero ofrecer y, por ello, le diesen contestación a mis opiniones, paso a decir lo que nadie me ha preguntado.

Creo que si la constituyente se conformó para darnos una vida mejor, es inútil que enunciemos complejas ideas jurídicas y organizativas, ya que bastará simplemente con preguntarse: ¿Cuáles son los remedios para obtener ese fin que deberían ofrecernos?

Ante todo hay que señalar que lo que nos hace infelices son las situaciones que se enumeran a continuación y que deberían ser eliminadas por la Asamblea Nacional Constituyente, si realmente está dispuesta a cumplir su objetivo constitucionalmente previsto. Las situaciones aludidas son:

-La inseguridad personal.
-El problema cambiario.
-La falta de transparencia de los procesos electorales.
-La escasez de alimentos.
-La presencia de los “bachaqueros”, esto es, los que compran a precios increíblemente bajos, para revender a precios increíblemente altos.
-El éxodo de los venezolanos hacía el exterior.
-La escasez de papel.
-La militarización de los servicios públicos y de las empresas del Estado.
-La propaganda constante, repetitiva y sofocante de los órganos de gobierno.
-El uso de un lenguaje grosero e “inadecuado” en las actuaciones públicas.
-La reducción de los medios de transporte.
-El descarado aumento de los precios.
-La justificada desconfianza con respecto a los medios de comunicación (prensa, televisión, mensajes).
-El rechazo de nuestros vecinos.

¿Cómo arreglarlo todo al mismo tiempo? Sugiero que podría individualizarse cada uno de los temas señalados, creando grupos de trabajo sobre ellos, integrados por especialistas (por sus estudios y experiencias).

Seguramente no podremos arreglar los males en su totalidad, pero sabremos que cada grupo trabajará rápidamente en lo suyo, por lo cual, pronto tendríamos respuestas que serían llevadas a la Constituyente y, obviamente, obtendrían de ella la declaración de su incapacidad para resolver tales problemas. Lo anterior consistiría en un reconocimiento de que ese organismo no sirve para lo que ha sido creado, por lo cual su destino lógico es desaparecer y, con ello, podríamos comenzar a buscar una fórmula que sea idónea para quitarnos nuestro sentimiento de infelicidad, ya que estaríamos encendiendo una lucecita verdadera y real de esperanza. Todo eso si acaso me preguntan…