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Salirnos del hemisferio occidental…

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15 septiembre, 2017 | 12:00 am

Fernando Luis Egaña

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Ese parece ser un “objetivo” de Maduro y los suyos. Montar la ficción de que Venezuela es una especie de país trans-asiático, que por mero accidente está ubicado en el corazón del hemisferio occidental. En otras palabras, empujar un viraje político, económico y hasta cultural hacia las estepas del Asia central, o el subcontinente chino, y cortar los vínculos con el vecindario regional –salvo Cuba y el ALBA–, y de manera particular con América del Norte y la mayor parte de Europa. En realidad, ya mucho de ello ha venido ocurriendo, pero es que ahora parece que le ponen el acelerador.

A primera vista parece algo tan absurdo que ni vale la pena comentarlo. A primera vista… repito. Pero es que no se trataría de una novedad para la hegemonía roja. Al contrario. Ya hipotecaron nuestro petróleo a los chinos. Los rusos y sus aliados más allá del Cáucaso nos suministran armamentos. Y nada de esto tiene que ver con un sano y diverso concepto de globalización, sino con una “huída hacia adelante”, o mejor hacia abajo, y bien abajo…

Locura económica

Así como es un craso error subestimar las habilidades para la manipulación política que ha demostrado, durante largos años, la hegemonía roja; así también no puede subestimarse la capacidad destructiva que exhiben con respecto a la economía nacional. Con esto de que el yuan y otras monedas asiáticas -el “won” es la moneda de Corea del Norte– serán los nuevos fundamentos monetarios y cambiarios de Venezuela, ya entramos en una Bárbula económica que deja pálidos los efectos del huracán “Irma” sobre las costas de Florida…

Nada de esto, desde luego, es por razones ideológicas. Ninguna ideología da para tanta insania; es por otro tipo de motivaciones, mucho más pragmáticas y lucrativas para la boli-plutocracia que depreda a Venezuela. “Hasta la última divisa será para nosotros”, podría ser el lema de los jerarcas del poder, cada día más enloquecidos con la derruida economía nacional.

Sin historia no hay salida

En general, el conjunto de los venezolanos es indiferente con la historia. Tampoco les preocupa tanto el mañana como el hoy mismo de este día… Eso tiene sus problemas porque la conciencia histórica tiende a ser precaria y, peor aún, maleable por la propaganda falseadora. Para construir un futuro distinto y positivo es necesario tener fundamentos en donde apoyarse. Y esos “pilotes”, por así llamarlos, están en la comprensión serena de los activos y pasivos de nuestra trayectoria histórica y en especial, de la democrática.

Si nos negamos a entenderlo, por desinterés o por interés malsano, seguiremos cayendo por el abismo, y en el mejor de los casos, nos moveremos en una deriva hacia la nada. Para que haya salida democrática, constructiva, afirmativa, tiene que haber un soporte histórico veraz y sólido. El país tiene ese soporte, pero por variados motivos no pocos se muestran reacios a reconocerlo.

Daños de daños

Hay daños que pueden ser muy severos pero que al ser reparables, son relativamente manejables. Pero hay daños que son irreversibles y son, desde luego, los peores. Entre los muchos daños infligidos por la hegemonía roja a Venezuela está la emigración masiva. La gran diáspora venezolana por medio mundo. ¿Es un daño reparable? Ojalá la respuesta fuera un rotundo sí, pero no creo que sea así. ¿Es un daño definitivamente irreparable? Las probabilidades aumentan con el continuismo de Maduro y los suyos.

Los jóvenes profesionales, por ejemplo, que han logrado establecerse en otros países, incluso muy lejanos al nuestro; que tienen un trabajo estable y promisor, que están formando su propia familia, ¿volverán a radicarse en Venezuela? ¿Qué piensa usted, amigo lector? Tengo la impresión que pensamos lo mismo.

La cuestión de los espacios

La discusión “intra-opositora” versa, básicamente, sobre el tema de los espacios político-institucionales, que pueden conquistarse o preservarse, dentro de la estructura de la hegemonía imperante. Un tema de importancia, sin duda, pero mal enfocado. Esos espacios no son un fin, sino un medio para producir el cambio efectivo que la nación reclama y necesita. ¿Esos cambios se han logrado? A mí me parece que no.

Mientras la hegemonía siga haciendo lo que le de la gana, no hay cambios efectivos en Venezuela. La cuestión de los espacios debería girar en torno a ello, y no en torno a tales o cuales organismos burocráticos, o las votaciones correspondientes.