Quinto Día Online
Confesiones de Pérez Jiménez
“Yo decidí irme para no sacrificar a 2 mil oficiales de la FAN, que me traicionaron a pesar de que yo los ascendí”
“A quien saquearon fue a mí”
“Yo nunca me entendí con Rómulo Betancourt”
“Yo nunca llevé amantes a los actos de gobierno”
“Yo no dejé deudas, dejé obras”
Carlos Croes
Hace exactamente veinte años me encontré con el general Marcos Pérez Jiménez, ex dictador de Venezuela, en Madrid.
Había accedido a una entrevista para Quinto Día, pero antes me advirtió que sería breve, porque no era muy amigo de entrevistas a medios de comunicación.
Sin embargo, hablamos varias horas. Y al final, justo cuando llegaba su esposa doña Flor, me dijo:
-“La entrevista ha concluido”.
Se levantó y me acompañó hasta la puerta de su quinta.
Le di la mano con un “hasta otro día, general retirado”.
-“Hasta pronto, periodista en ejercicio”, respondió.
Hoy, veinte años después, Quinto Día reproduce parte de la conversación.
Pérez Jiménez cuenta su historia
Marcos Evangelista Pérez Jiménez
Militar y político venezolano, alcanzó el grado de General de División del Ejército.
Nació el 25 de abril de 1914, en Táchira.
Murió el 20 de septiembre de 2001, en Alcobendas, España.
Fue Presidente de Venezuela en el período: 19-4-1953 / 23—1-1958.
–¿Qué recuerda de la Venezuela de aquella época?
De aquella época tengo bastantes recuerdos; lo que me preocupa más es la actual situación que está viviendo Venezuela.
–¿Por qué le preocupa tanto? ¿Por qué nunca pensó regresar a Venezuela, si es tan venezolano?
-No es que nunca pensé en regresar, es simple y llanamente que se me impidió regresar a Venezuela. Usted sabe que yo fui saqueado, mis bienes fueron incautados o expropiados; se me siguió un proceso en Estados Unidos; estuve ocho meses en la cárcel, en Estados Unidos, luego se me extraditó a Venezuela; estuve en Venezuela cuatro o cinco años en la cárcel, de manera que de ahí se me condenó. Cuatro años y un mes se me mantuvo en la cárcel. Cuando me acerqué, en una época, en Venezuela hubo un movimiento destinado a que el doctor Caldera se convierta en un gracioso, en el sentido de otorgar gracia y que me perdone. Yo no puedo aceptar este perdón, puesto que aceptar este perdón sería reconocer que yo he delinquido. Esta circunstancia hace que yo no pueda regresar a Venezuela.
–¿Ha habido gestiones del gobierno de Caldera para indultarlo?
-No puede haber gestiones, sino que Caldera declaró que si yo pedía perdón o que si algún familiar mío pedía perdón, él con mucho gusto me indultaría de un delito que se me achaca: la desaparición del teniente Droz Blanco y cuyo autor material fue detenido. Ahora a mí se me acusa en eso de autor intelectual. Ahora, pregunto yo: ¿cómo se logra materializar esa autoría intelectual? Piense usted un momentico, cómo se podría materializar la autoría intelectual.
–¿En su época, qué supo usted de esa muerte?
-Supe después de que se efectuó. Estas son cuestiones episódicas, a mi juicio, secundarias. Para entrar en lo importante, le voy a enseñar una copia de un escrito que salió en el Financial Time hace pocos meses, en el cual Venezuela -la Venezuela actual- figura como el séptimo país más corrupto del mundo. Está primero Nigeria; segundo está Pakistán; yo le voy a traer el papel para que usted lo vea. Tercero, Kenia; cuarto, Bangladesh; quinto, Camerún; sexto, China; séptimo, Venezuela. Esta cuestión me tiene que preocupar a mí, como ciudadano venezolano que soy.
–En su época también hubo corrupción.
-Bueno, pero no vamos a que se me acuse, sino a las cosas que están ahí probadas, los hechos, porque a la gente inteligente se le convence con hechos, no con palabras ni con imputaciones porque es muy fácil decir “tú eres un ladrón”, pero lo difícil es decir “aquí están los hechos que comprueban que tú eres un ladrón”.
–¿Usted recuerda aquella versión de la maleta cuando usted dejó Venezuela?
-Le pregunto a usted, yo ahora. ¿Qué viajero viaja sin maleta? ¿O es que usted conoce a alguno que salga sin maletas?
–¿Esa maleta llevaba muchos dólares…?
-Se hablaba; se hablaba que iban unos dólares. ¿Qué viajero sale del país sin un centavo? Si no, lleva algunos haberes, hoy día o en cualquier época. ¿O es que usted conoce viajeros que salgan sin maleta y que salgan sin un centavo? Lo interesante y de lo que debe saber todo ciudadano venezolano es de qué partidas del Fisco se han sacado los dineros públicos o tiene la persona. Y déjeme volver otra vez a lo que decía…
–¿De qué partida salió el dinero del General Pérez Jiménez?
-Es decir, busque usted, averigüe usted en los procesos de qué partida del Fisco ha salido el dinero que llevaba Pérez Jiménez en la maleta. ¿O no?
–Cuando usted estudia ese fenómeno de la corrupción, se encuentra que son 30 años de democracia contra 10 años de dictadura…
-Treinta y nueve años, ya casi cuarenta…
–Ese balance de lo que se llama dictadura suya y la democracia, ¿cómo lo define usted?
-Oiga, déjeme decirle, lo administrado por estos gobiernos desde el año 58 hasta ahora… Ahora bien, ¿cuánto administramos nosotros? El gobierno de la Junta Militar, el gobierno de la Junta de Gobierno, el gobierno presidido por mí, ¿cuánto cree usted que se administró?
–¿Cuánta deuda dejó usted?
-No me salte, déjeme concluir, que le estoy razonando en forma ordenada. ¿Cuánta deuda de eso? Ya lo vamos a ver, porque yo no dejé deuda. Eso que quiere decir, que los 20 mil millones de dólares presentados en obras tangibles de bien colectivo son sobrepasados con creces. Es decir, el doble en deuda pública. ¿Qué quiere decir esto en última instancia? Que lo poco que han hecho se debe con creces, ¿sí o no? Usted dirá, averígüelo, constátelo, véalo. Le pido esto como ciudadano venezolano. Usted es ciudadano venezolano, yo soy ciudadano venezolano y usted y yo estamos en la obligación de saber la verdad de lo que acontece en Venezuela. ¿O no?
–Estamos de acuerdo…
-Ahora, dice usted de lo nuestro. Administramos menos de 8 mil millones; las obras tangibles de bien colectivo, como su nombre lo indica, que se pueden tocar, fueron del orden de 9 mil millones de bolívares desde entonces. Eso quiere decir, el 36% de los ingresos en obras tangibles de bien colectivo. Esta es una cifra no sobrepasada en ninguna administración de América Latina. Trate usted de constatarlo, a ver si Pérez Jiménez le está diciendo a usted embustes o no.
–No, no estamos… Ese es su criterio.
-No, es que yo voy centralizando las cosas sobre hechos. A mí no me gusta opinar por opinar, sino con hechos.
–Estamos de acuerdo, pero cuando usted ve también esta situación, se encuentra con que Venezuela hace 39 años era un país con dos o tres universidades. Hoy tiene un centenar de universidades, tiene hospitales, una gran infraestructura…
-Muy bien, tiene más obras, cuesta dinero, pero si esas obras se hubieran traducido en bien colectivo, magnífico, pero Venezuela hoy día es un país más delincuente ¿o no? Entonces la presencia de más universidades no ha servido para aminorar el número de delincuentes habidos en Venezuela, porque las obras se hacen para un fin, para producir determinado beneficio. Si esas obras no producen mejoras en la sociedad y una de estas mejoras es bajar los índices delictivos, de nada sirve que tengamos sopotocientas universidades.
–Bueno, y los médicos, y los técnicos, y los que han utilizado para la industria petrolera que estamos manejando nosotros, ¿de dónde salió esa gente?
-Los técnicos de la industria petrolera, muy bien. Todos esos técnicos han salido de las universidades, ahora, ¿cuál es la situación económica de Venezuela en la actualidad, de manera que todo ese conjunto de técnicos producidos por las universidades han servido exclusivamente para aumentar la deuda pública venezolana y hacer que el venezolano hoy día, cualquier habitante del país, sea el que mayores deudas tiene encima? Ningún país de Latinoamérica tiene la deuda por cabeza que tiene el habitante del país.
–Sin embargo, cuando cumplió 80 años el doctor Caldera yo le preguntaba esa misma reflexión a que a usted en sus 80 años, y el doctor Caldera habló de la Venezuela distinta.
-El doctor Caldera puede decirle, yo le estoy hablando sobre hechos concretos, constatables…
–El doctor Caldera me decía que había que analizar mucho los sistemas de la dictadura, de la democracia; que la dictadura sacrifica la libertad del hombre y la democracia la defiende…
-Un momentico, un momentico, la libertad del hombre no, porque es que las libertades verdaderas son la libertad a disponer de la vida, a que la vida sea garantizada. ¿Es que acaso hoy día no hay más inseguridad en Venezuela? Si usted me dice que hay más seguridad, entonces le diré que sí, que efectivamente se ha logrado. Vamos a hablar de la Seguridad Nacional con respecto a eso, de manera que hoy día la vida del venezolano corre más riesgo, ¿sí o no? Bueno, ahora déjeme hablarle de la Seguridad Nacional. Nosotros gastábamos en la Seguridad Nacional 17 millones de bolívares, teníamos dos mil agentes y éramos el país con el más bajo índice delictivo de América Latina. De manera que la Seguridad Nacional estaba cumpliendo a cabalidad con su deber de garantizar la no proliferación de la delincuencia. Díganos usted ahora si eso es así en Venezuela, si los miles de millones que se gastan en la Disip sirven para garantizar la vida de los venezolanos.
–Pero lo que le estoy diciendo ya es la opinión de los venezolanos de la época, que hablan de que la Seguridad era signo de muerte, persecución y tortura…
-Bueno, signo de muerte, ahora, signo de represión, la Seguridad Nacional. En este libro, Frente a la Infamia, publicado en 1968 se compara el número de muertos habidos hasta esa época en los gobiernos llamados democráticos y en la dictadura y ahí está. Si usted puede hojear el libro…
–¿Por motivos políticos?
-Yo no sé los motivos, porque para mí la vida humana es lo mismo de un político, que de otra persona. Yo no puedo hacer distinciones entre la vida de un político y otra cosa. Si en el campo de la persecución del delito nos encontramos a un político delinquiendo, pues se le castiga por delincuente y no por político…
–¿Eso fue lo que le pasó con Ruiz Pineda, con Carnevalli?
-Ruiz Pineda, ¿usted sabe cómo murió Ruiz Pineda?
–No lo sé, yo vi lo que dicen las informaciones de la época…
-¿Usted lo vio?
–Sí, si…
-¿Qué edad tenía usted?
–Trece años.
-Ah, entonces no lo vio, lo que le contaron exactamente, entonces tenemos que cambiar el concepto de la frase: usted no lo vio, usted dice lo que le dijeron. Iban dos automóviles con gente de Acción Democrática, dentro de los cuales iba Ruiz Pineda, entre otros, y David Morales Bello en otro de los automóviles. Al pasar por San Agustín del Sur pasó una motocicleta con dos agentes dela Seguridad Nacional que identificaron a Ruiz Pineda e identificaron a otros miembros del Partido Acción Democrática. Se pararon unos 30 metros adelante, atravesaron la moto y le dieron el alto: “¡párense ustedes!”. ¿Y cómo respondieron? A tiros. Dispararon, de allá dispararon también, y si usted averigua bien, si se informa debidamente, la bala que hirió a Ruiz Pineda lo hirió por el cuello; fui profesor de balística interior, la balística exterior, la balística de efectos, de manera que es muy raro que un proyectil que viene de allá, de la vuelta, se incruste…
–A usted le cobran eso.
-No, no, no es que me cobren, vamos a terminar de exponer esto. En cambio sí hubo disparos de la parte de atrás, es muy posible que por equivocación alguien hubiera dado a Ruiz Pineda por el cuello. Ahora, dígame usted, ¿hay criminalidad en que dos que se están disparando y ocho que están disparando de aquí, sean los ocho que disparan los mártires y los dos allá son los ejecutores? Eso solamente para gentes con mentes obnubiladas, mentes que no quieren aceptar razones, sino que se aferran a determinadas ideas que les han dicho.
–Pero lo que se dice es que la dictadura mató a Ruiz Pineda, a Pinto Salinas, a Carnevalli, y otros.
-Ahora le pregunto yo, ¿cuántos muertos tiene la democracia? Acaban de achicharrarse en el Retén de Catia 29 personas, que las metieron en un cuarto y las achicharraron en vida. Eso no se ha visto ni en los campos de exterminio de la Alemania nazi, ahora no me venga a decir usted que eso no sucedió.
–Claro que sucedió.
-Ah, 29 muertos achicharrados. Ahora, ¿cuánta gente murió en las calles de Caracas cuando la sublevación, cuando la poblada y justificada sublevación contra Carlos Andrés Pérez por hambre, por miseria? ¿Cuántos muertos hubo?
–No se sabe todavía.
-Fueron centenares. ¿Acaso la dictadura mató esa cantidad?
–Porque no hubo manifestación…
-Bueno, pero yo me voy a los muertos…
–¿Qué hubiera pasado si en la dictadura hay una manifestación como el 27 de febrero?
-En cambio, cuando la dictadura no apareció un cadáver encadenado como el del profesor Lovera. Ahora, que los muertos de Pinto Salinas, que del otro y otro, a mí me acusaron de esos muertos ante el Tribunal de los Estados Unidos, y me exculparon de esos muertos de mi parte… Pero usted toma en cuenta o no toma en cuenta los 29 muertos achicharrados, no los centenares de muertos que ha habido en las calles de Caracas.
–Claro que sí preocupa.
-Preocúpese de eso y que no sigan sucediendo…
–Las Fuerzas Armadas mantienen una posición democrática, ¿no hay ese consenso para sustituir el sistema, a pesar de estas acusaciones?
-Usted, déjeme ver, si entiendo la pregunta.
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Historia
La Orchila sí existió
El Pérez Jiménez que hoy entrevisto, es la misma personalidad del Presidente que dejó el poder en 1958 marcado con la huella de sus 82 años. No da tregua al periodista y cuando le molesta una pregunta pasa a la ofensiva. Tampoco permite que le interrumpan. Se siente un jefe.
–¿La Orchila existió? Le pregunto.
-Claro que existió, y existe.
–Le atribuyen a usted una vida sibarita. Sus denunciantes hablaron de francachelas…
-Dígame usted, si me vio con esas mujeres en actos oficiales o si algunas de esas mujeres que dicen, me acompañaban en La Orchila, se vieron envueltas en negocios ilícitos, como en otros casos, que usted conoce muy bien. Y le pregunto. ¿O es que esas no fueron a La Orchila, en la democracia?
–¿A usted le consta, General?
-Eso es lo que dicen. ¿A usted le consta que yo iba a La Orchila?
–Lo leí en la prensa.
-Yo también lo leí.
–¿Pero hubo motonetas, en los casos que usted cita, General?
-Pérez Jiménez advirtió que no hablaría de cosas anecdóticas. ¿O no oyó la pregunta?
–¿A usted lo tumbaron?
-No. Yo decidí irme. De lo contrario, hubiera tenido que apresar a 2 mil oficiales de la Fuerza Armada. Fueron desleales, a pesar de eso construí toda la infraestructura.
–Cuando le hablé de Rómulo Betancourt, la pregunta le molestó…
-No quiero referirme a ese señor, que además no merece que lo llame hombre. Ya en una oportunidad, después del golpe a Medina Angarita, me negué a reunirme con él para firmar el acta de la Junta de Gobierno.
–Pero él dice que usted dejó el país “saqueado”.
-A quién saquearon ellos fue a mí. Me expropiaron todo. La misma suerte antes había corrido Uslar. Le diría a usted algo más para su entrevista. A ese señor, que le mencione esto. Si yo duro un año más, habría acabado con los ranchos. Solo quedaban 6 mil. Vea lo que dejó ese señor. Yo dejé 52 mil empleados públicos. Hoy hay 2 millones. Esa es la democracia.
–¿Usted comenzó a caer cuando despidió a Pedro Estrada de la policía política?
-Mire, eso no es verdad. Ya le dije que a mí no me tumbaron.
¿Por qué la FAN se alzó contra el general Medina, a quien usted ahora defiende?
-Hay cosas que usted no sabe, periodista. Había consejeros de Medina que le susurraban la eliminación de la Fuerza Armada, quitándole su poder de salvaguardar al país. Convertirnos en policías o guardia. Uno de esos consejeros fue Uslar Pietri, y un ministro del Interior de la época.
Antes, cuando Pérez Jiménez fue extraditado de Miami, me había tocado cubrir el juicio en el Tribunal Supremo.
Estaba justo detrás de su asiento. Me acero y le pregunto.
–General, una última pregunta. Leí hace algún tiempo un documento atribuido a su jefe de Estado Mayor de la FAN, general Rómulo Fernández, en el cual le cuestiona a usted, entre otras cosas, obligar a los empleados públicos y obreros a votar por su continuismo y no le oyó. Se cometió el error, le dice Fernández, de introducir tarjetas azules en las urnas electorales a partir de las once de la noche y fueron muchos los que votaron varias veces y muchos los que dejaron de votar. ¿Qué pasó con su plebiscito? Ese documento se lo entregó el 7 de enero de 1958. Usted, habría dicho: “Tú no tienes que meterte en política” y despreció el documento.
-Déjeme decirle: él me entregó la carta en nombre de la Fuerza Armada. Esa no era función de Fernández. Es todo mi comentario.
–La audiencia comenzó.
-La entrevista concluye.
–Gracias, general retirado.
-De nada, periodista en ejercicio.