Quinto Día Online | ¿Peor que Haití?
Opinión
¿Peor que Haití?
AUTOR
Luis Eduardo Martínez
luiseduardo.martinez12018@gmail.com
20 abril, 2018 | 12:00 am
Arribo el pasado domingo al aeropuerto de Miami para atender mis responsabilidades en Millennia Atlantic University. Tomo un taxi y en un inglés con mucho acento, el taxista me pregunta de dónde vengo; “Venezuela” respondo. “¿Venezuela?” repregunta y se voltea para verme con cara de asombro. “¿Venezuela?” insiste para agregar, palabras más, palabras menos, en su inglés machucado: “Qué bueno que pudo llegar, ya está a salvo”. Tratando de no parecer mal educado, le interpelo: “¿A salvo de qué?”. Presto, me responde: “¿De qué va a ser?, de ese desastre que es su país. Yo creía que en ninguna parte podía ser tan malo vivir como en el mío, que es Haití, pero por lo que oigo, Venezuela está hoy peor que Haití”.
Me encierro en el silencio mientras observo a lo lejos los rascacielos de Brickell y el taxista vuelve a la carga: “¿Sabe usted cuánto es el salario mínimo en Haití?”. “No sé”, le digo. “Ahora es de 350 gourdes diarios, unos 6 dólares al día. ¿Cuánto es el de Venezuela?, porque me comentó un venezolano que es bastante menos y a mí me parece difícil en un país tan rico, con tanto petróleo, supongo que no es verdad”.
“Sí es verdad”, le indico.
“Sí es verdad —repite— increíble. Menos de 6 dólares al día. ¿Y cuánto es?”.
Pido unos segundos mientras consulto en el celular al doctor Google y confirmo que después del último aumento presidencial, el salario mínimo mensual es de 392.646 bolívares, sumo los cesta ticket de 915.000, resultando 1.307.646 bolívares, cantidad que le hago saber.
“No me ha dicho nada”, precisa. “¿Cuánto es eso en dólares?”.
Le explico que en Venezuela hay dos tipos de cambio oficiales y por lo menos cuatro de los cuales sabemos por las redes y que en definitiva, lo importante no es cuantos dólares equivalentes recibes por salario mínimo, sino la capacidad de compra.
El taxista no se rinde y me acorrala para que responda lo que sé, pero me avergüenza: “Entonces, ¿qué puede comprar un venezolano con el salario mínimo?”.
“Un pollo” señalo por lo bajo.
“¿Un pollo? Malo, malo. En Haití un pollo cuesta como dos dólares, con lo que con el salario mínimo diario nosotros podemos comprar tres pollos al día, o un pollo, verduras, arroz, alubias y algo de fruta”.
“Un pollo mensual”, le aclaro.
Me miró raro, como bravo, supongo pensó que me burlaba de él y no volvió a hablarme.
En el avión leí un informe de Harvard University, la más prestigiosa del mundo, titulado “Venezuela, anatomía de un colapso”, donde sobran los gráficos y las tablas que soportan la conclusión que nuestra crisis económica-social es la peor del mundo en los últimos 50 años. Que un grupo de académicos lleguen a tal resultado, después de sesudas investigaciones, como decía mi abuela, no tiene ciencia. Que un taxista haitiano en Miami vaya a dormir convencido que es Venezuela y no Haití la nación más pobre del continente, sí que es triste.
Y todavía hay tantos que no entienden de la urgencia del cambio; con unos queriendo quedarse y otros haciendo mucho para que se queden por ignorancia, flojera o mala fe.