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Opinión

“Patios Ornamentales”

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10 julio, 2014 | 7:15 pm

Una ciudad hermosa es el trabajo de las generaciones que, han ido forjando espacios para cubrir, tanto las necesidades materiales, como las del espíritu de las poblaciones que allí se asientan.

Hay una frase que expresa que “civilizar a un pueblo es crearle un máximo de necesidades”, lo cual alude al hecho de que, el Estado no puede limitarse a dar comida, techo y protección, sino que es necesario que mantenga la conjunción armónica de los valores en los que se sustenta la vida diaria. Es así como hay que proporcionarle a los habitantes: belleza urbanística; paisajismo; recreación; el orgullo de ser miembros de una comunidad; el respeto a los lugares simbólicos; la renovación y mejoramiento constante de los servicios.

Antes de analizar nuestro objeto específico: los Patios Ornamentales, vamos a recordar que los mismos están enclavados en el Parque del Este, hoy denominado Parque Generalísimo Francisco de Miranda, la extensión arbórea más grande de Caracas, proyectada por un grupo de arquitectos, paisajistas y especialistas en ciencia ambiental, dirigida por el brasileño Roberto Burle Marx, conjuntamente con John Stoddart, Fernando Tabora, Julio Pessolani y Mauricio Montes, realizada entre 1959 y 1964.

Los Patios Ornamentales, incorporados en 1963, constituyen un complejo monumental integrado por tres espacios contiguos, en el sector noreste del parque. El tiempo y la incapacidad de seguir el ritmo de un mantenimiento exigente, los llevaron a un estado deplorable, hasta que, por proposición de PDVSA La Estancia, se inicia su restauración dirigida por el Maestro John Stoddart, actuando conjuntamente con el Instituto Nacional de Parques y con el aval del Instituto de Patrimonio Cultural.

PDVSA La Estancia, aportó la solución de problemas tecnológicos para optimizar el funcionamiento y el logro de una iluminación monumental particularizada para cada uno de los patios. A fin de no apartarse de las técnicas y materiales originales, no se actuó improvisadamente, sino una vez efectuadas las necesarias investigaciones históricas y arqueológicas.

Al inaugurar los Patios Ornamentales, PDVSA La Estancia renueva sus grandes logros: la inmensa labor de rehabilitación de Sabana Grande; la de la Fuente de Plaza Venezuela, con sus millones de luces que acompañan la caída del agua; el Parque El Porvenir, paréntesis de paz en el corazón de lo urbano.

Los Patios Ornamentales ofrecen tres grandes modelos: el patio de los Azulejos, lleno de remansos marinos; del impactante Patio Rojo y el de las Cortinas de Agua.

En el acto de inauguración, cuando hicimos un alto en el recorrido de los espacios que conforman los Patios, para contemplar las llamadas Cortinas de Agua, fuentes a la inversa, porque el agua no sube, sino que baja, al estilo de las cascadas, con grandes chorros que descienden desde alturas considerables y que están iluminados por luces que cambian constantemente de colores y que operan como balcón de otros elementos como lo es la visión del Ávila (Waraira Repano), su telón de fondo; se nos acercaron dos de las tantas asistentes, llenas de simpatía y sencillez, una de las cuales comentaba que, cuando llegaba el fin de semana, se despiertan los celos de sus hijos y amigos porque no va a visitarlos, sino que se instala en la La Estancia ya que –nos dice- “allí me espera el arte clásico o popular, la naturaleza pulcra y arreglada y todo lo que es un deleite para el espíritu”.

Hay actuaciones que poseen la impronta decisiva de su autor. Eso sucede con la obra de PDVSA La Estancia, específicamente la de su Gerente General y de su grupo de trabajo, que tiene ese sello distintivo que pareciera indicar: “esto no es improvisado, sino el auténtico fruto de una detenida labor”. En efecto, lo que presenta es el bien cultural depurado por expertos conscientes de las necesidades locales, conocedores de sus verdaderos intereses y necesidades. Por ello, cuando ante las Cortinas de Agua se oyó triunfal el concierto de la Sinfónica Venezuela y estallaron luego los fuegos artificiales, se estaba enunciando lo más representativo de nuestro acerbo cultural.