Quinto Día Online

Luis Eduardo Martínez Hidalgo

@luisemartinezh

Aprendí en Acción Democrática más que en las varias universidades a las cuales he tenido oportunidad de asistir. Mucho de lo que soy se lo debo a dirigentes y activistas del “Partido del Pueblo” –horas atrás por cierto revalidado contra toda adversidad-, que en el diario activar con ellos me legaron incontables enseñanzas.

De algunos escuché una expresión que a propósito de los hipotéticos escenarios que pseudoexpertos construyen para salir de la dramática crisis que a todos azota, saltó de mi memoria: “Compañerito, deje de estar pensando en pajaritos preñados”.

Cuando planteábamos soluciones creativas a problemas que enfrentábamos, en ocasiones que creíamos posible tomar atajos; en oportunidades que nos desbordaba la impaciencia, no faltaba la advertencia que nos moderaba: “Compañerito, deje de estar pensando en pajaritos preñados”.

Leer o escuchar sesudos análisis que aseguran que está pronta una intervención extranjera o es inminente un golpe de Estado –“es así porque me lo aseguró mi cuñada, que es amiga de un señor cuya esposa trabaja en la casa de la querida de un Coronel”, me dijo horas atrás un locutor en la Plaza del Estudiante en Maturín- o una sublevación popular es más que pensar, creer en pajaritos preñados.

Ni los americanos, ni los europeos, ni los hermanos latinoamericanos alistan tropas para liberar a Venezuela, por no afirmar que no poseen la disposición o incluso la capacidad para hacerlo. Los Estados Unidos, que lideran la historia en cuanto a intervenciones en países díscolos, hoy tienen suficientemente comprometida su capacidad militar con buena parte de sus fuerzas desplegadas en el extranjero; según el Departamento de Defensa cerca de 200 mil soldados estadounidenses se encuentran fuera de sus fronteras, en lugares tan remotos como Afganistán, Irak, Siria y Corea del Sur, donde por cierto, mantienen alerta permanente porque a pocos metros tienen al loco de Kim Jong-un. Recientemente el general Raymond McMaster señaló en una audiencia en el Senado “No se anticipan acciones militares en Venezuela en el futuro cercano” y conste que allá no es como aquí, que les pueden caer a coba a los legisladores que interpelen a un funcionario. Así que a los que tienen preparados unos cartelitos “Welcome to Venezuela” para recibir a los marines, les recomiendo que dejen de pensar en pajaritos preñados.

A su vez, los que esperan por un golpe de Estado sugiero vean a su alrededor para que noten cuánto poder acumulan nuestros militares, con lo que los uniformados no tienen ninguna necesidad de asaltar las instituciones, porque ya lo hicieron, gracias, en buena medida, a millones de venezolanos que, seducidos por un teniente coronel golpista –fracasado cuando intentó su parada- le entregaron el gobierno en las urnas y cada vez que tienen chance –a veces pernil fia’o de por medio- se lo ratifican a sus herederos. Además, yo pregunto: ¿quién supone que unos tipos van a dar un golpe para llamar a otros a gobernar? Los chilenos creyeron ese cuento y luego tuvieron que calarse un montón de años a Pinochet, que resultó peorcito que Allende. Vale decir: creyeron en pajaritos preñados.

De la sublevación popular no sé si reírme o llorar. Durante meses en 2017 pateamos las calles, e insistimos una y otra vez en la protesta, cuyo único saldo fue un centenar de muertos y aún más de encarcelados. Duelen los caídos y nos angustian los presos, pero los promotores de esa vía deben reconocer que cometieron un gravísimo error –allí está el gobierno inamovible para demostrarlo-, que no debe repetirse jamás. Por lo demás, las marchas, tomas y acciones de similar naturaleza en Caracas y en el interior del país siempre congregaron a unos pocos. Léase bien: pocos, porque en una Venezuela de 30 millones de habitantes nunca fuimos más de una decena de miles los que nos hicimos vanguardia y, con tal, creímos en pajaritos preñados.

Los gobiernos, especialmente los malos gobiernos, solo salen con votos o con balas. Como la oposición no tiene balas, solo quedan los votos para salir de este pésimo gobierno; la oportunidad está a la vuelta de la esquina. Lo contrario es pensar en pajaritos preñados.