Quinto Día Online | “No se imaginan el tipo de hijos que me tocó parir: unos delincuentes”
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“No se imaginan el tipo de hijos que me tocó parir: unos delincuentes”
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3 noviembre, 2017 | 12:00 am
El 90% de los delitos en Venezuela son asesinatos
En el país, los delitos más comunes son el robo, secuestro, sicariato por encargo y asesinato en vía pública, por venganza o resistencia al robo
En su mayoría actúan jóvenes no mayores de 25 años
Rosibel Cristina González
Existen dos realidades detrás de cada suceso. La primera, incluye a quienes lloran la pérdida de la víctima y la otra, el entorno familiar del victimario, a quienes en muchos casos les toca aceptar sin perdonar que ese muchacho es un asesino.
María Mendoza – a quien se llamará de esa forma para proteger su identidad- es un reflejo de ello.
Mendoza aparenta más de los 40 años que dice tener. Su rostro refleja tristeza, dolor, desesperanza. Cada tarde se asoma en la ventana de su rancho, ubicado en el barrio ‘Las Quintas’ de la Cota 905 y desde allí, emana bendiciones a sus hijos varones, – cuyas edades comprenden de los 20 a los 25 años- a quienes no ve desde hace varios días, “porque no pueden pisar el barrio hasta que baje la marea”.
María dice ser “la vergüenza de la familia”. Llegó al barrio a los 15 años, procedente de Barinas, con aspiraciones en la capital que se vieron truncadas de momento con el nacimiento de su primer hijo, y a los dos años con el parto de los morochos.
Era una adolescente, sin estudios de bachillerato. Se dedicó al hogar. Su pareja fue asesinada luego del nacimiento de los morochos.
Dos años después, creyó conseguir al hombre que la apoyaría en la crianza de los mayores y decidió concebir otro hijo. “Pero mis muchachos ya mostraban una conducta insoportable, no hacían caso, eran contestones, no quisieron seguir en el colegio y querían estar todo el día en la calle y por eso el marido se me fue”.
“No sé si es castigo de la vida, porque dicen que los hijos son una bendición de Dios, pero no se imaginan lo que es cargar a cuestas el tipo de hijos que me tocó parir, unos delincuentes”, reflexiona.
La vida de María representa el drama de muchas madres, quienes callan la realidad que les tocó vivir. Dos de sus cuatros hijos son delincuentes desde la adolescencia, mientras que a los dos últimos se les atribuye, en su haber delictivo, el asesinato de personas, por venganza o por algún otro móvil. Ella no lo dice, pero en el fondo afirma que son partícipes en los hechos.
Actualmente vende café en una parada de transporte público en el sector. “Muchos me compran, porque saben que es lo único que me mantiene a diario. Otros rumoran, y pensarán que yo escondo a mis hijos, pero no es así. Uno no duerme, a la espera de que en cualquier momento te avisen o que los mataron o están presos. Eso me roba la vida”.
Las madres también son víctimas
Esperanza Fuenmayor, médico psiquiatra, afirma que las madres cuyos hijos delinquen desde temprana edad, llevan a cuestas el peso de la vergüenza, el desplazamiento familiar y hasta social.
“No son mujeres fuertes porque los hijos son guapos en la calle. Por el contrario, son mujeres vulnerables, con un gran sentimiento de culpa. Se cuestionan: ¿por qué a mí?; ¿qué hice mal?, ¿a cuál de mis hijos le presté más o menor atención?; ¿por qué no fui más fuerte en la crianza? y, finalmente ¿por qué mi mamá no me ayudó?”.
Otro caso es el de Estefanía Camacho, a quien también se le reserva su identidad, Profesional de la enfermería y trabajadora en un centro de salud privado. Tiene en la actualidad 35 años y un adolescente de 16, su único hijo.
“El trabajo ocupó mi tiempo, ese que pude haber dedicado a mi hijo y ahora pago las consecuencias. El vivir en barrio no implica que tu muchacho también deba adoptar las conductas de otro, y por más que me lo pregunto, no sé qué pasó con el mío, no sé en qué momento lo perdí”.
Contó que debajo del colchón de su hijo encontró un arma calibre 38. Al cuestionarlo al respecto, el muchacho respondió que la guardaba a un amigo porque le pidió el favor.
Camacho fue a la casa del dueño del revólver, con la intención de llamarle la atención y pedirle que se alejara de su hijo. “El hombre me enfrentó, me dijo que él ya es un hombre, decidió lo que quiere hacer, ‘tu trabajo es cuidar que ni te lo maten, ni te lleven preso, tú decides’”, dijo entre llantos.
Sobre este caso, la doctora Fuenmayor opina que “esta mujer se doblegó al sistema. Pudo escoger irse del barrio, o mandar a su hijo a casa de otros parientes, pero en la realidad, esto no funciona así. Un venezolano con una carrera académica que no genere sino lo propio para subsistir, no puede pensar jamás en adquirir una vivienda en una mejor zona, mucho menos sacar al hijo del país. A esta madre le tocó enfrentar la vida delictiva del adolescente”.
El dato
Durante los primeros seis meses del año, fueron ingresados 2 mil 526 cadáveres a la morgue de Bello Monte, cifra que se maneja de forma extraoficial. La reseña indica que el 90% corresponde a muertes en hechos violentos, ocurridos solo en la Gran Caracas.
Una fuente del organismo detectivesco reveló que quienes participan en dichos delitos, son menores de 15 años, mientras que algunos, quienes actúan como autores materiales, no superan los 25 años de edad.
Entre los delitos más comunes –reveló la fuente- destacan el robo, secuestro, sicariato por encargo y asesinato en vía pública, por venganza o por resistencia al robo.
Indicó que los victimarios usan armas de alto calibre, automáticas que adquieren de forma ilegal.
Con respecto a los delitos, muchos se ejecutan en la vía pública, zonas populares o urbanismos de clase media-alta, cuando se trata de un secuestro o hurto de vehículos.
En cuanto al perfil delincuencial
Existen tres características que definen el tipo de delito a cometer. Entre ellas el motivo, el método y el nivel de crueldad.
La tesis del médico psiquiatra Luis Alberto Guillén, destaca que en Venezuela: “el muchacho no nace con genes delincuenciales, es la sociedad la que los enseña a crear su propio perfil, porque el contexto se los facilita, porque se les premia”.
Las características del adolescente delincuente – a juicio de Guillén- son: “Tenemos a un joven hostil, resentido y que actúa en pro de una provocación; aprendieron de alguien y desean superarlo; provienen de una familia disfuncional; manifiestan odio y resentimiento dado el abandono de la figura paterna; no son drogadictos, pero han probado alguna sustancia; su comportamiento es agresivo, pero no porque sean psicópatas o personas emocionalmente desequilibradas. Por el contrario, actúan de cierta forma porque su sociedad se los permite y, mientras exista la impunidad en este país, esto seguirá pasando”, señaló.