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“Nietear”

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17 octubre, 2013 | 5:04 pm

Le pido a Elvira que busque en el Diccionario el verbo “nietear”. El inmediato resultado de tal búsqueda, revelador de su eficacia, es su despectiva frase: -“Aquí no aparece esa palabra. Yo creo que ese término lo acaba de inventar”. Después insinúa socarronamente: “Ud. Lo que quiere decir es “chochear””.

Aún cuando el término “nietear” no haya sido oficialmente reconocido, sin embargo, cada vez se extiende más su uso para aludir a una acción que real o figurada, como se verá, representa una de las formas superiores de realización del hombre.

La acción se inicia con una expectativa: la renovación de las cosas ya vividas: de los hijos que nacieron y se fueron formando bajo nuestra mirada atenta, delineándose y desarrollándose año a año los rasgos fundamentales de su personalidad.

Nosotros, como simples podadores de sus excesos; como discretos guías para trazar caminos, sin que se percibiesen nuestros trazos: escalera para permitir su subida; apoyo en el momento necesario, colocándonos con el paso del tiempo en la retaguardia de sus vidas, para levantarlos en sus caídas. En el período de expectativas, nos llegan a tropezones todos los recuerdos y pensamos en las cosas que no quisiéramos repetir: las visitas al pediatra; las interminables tareas escolares; el aprendizaje de la tabla de multiplicar; el desconsuelo del primer amor frustrado. ¿Vamos a repetir todas esas experiencias? Pero no, “nietear” no te obliga a asumir esas cargas. Tu papel activo es de simple ayuda y, tu papel pasivo es el de un mundo de gratificantes experiencias capaces de remozarte y de ponerte a tono con dos generaciones de por medio. Descubres la fulgurante ternura de una sonrisa en la cual asoma el primer dientecito; percibes el aroma mágico de un cuerpecito que se entrega totalmente a tu abrazo; enfrentas el terrible reto que deriva de la voz infantil –“Abuelita, cuéntame un cuento nuevo y largo” – y, ves la frustración marcada en su rostro cuando comienzas la narración: – “Habrás de saber, que en un lejano país de Oriente había un hombre que se llamaba…”- “Sí, ya lo sé abuelita, ALÍ BABA, eso ya lo conozco”. Después viene el terremoto de la adolescencia para demolerlo todo, incluso a ti mismo y sólo queda de pié lo que se supone es inmutable. Te transformas en un símbolo, en un refugio, en un extraño ejemplar de una especie en rápida vía de extinción.

Señalaba que “Nietear” es un término que tiene un significado propio y uno figurado: el propio alude a la estrecha relación personal con el nieto, que tiene el tinte particular de la renovación de una experiencia ya vivida; el sentido figurado se refiere a la visión del hombre público, del estadista, del funcionario, del analista, cuando cargado de vivencias intensamente obtenidas, se enfrenta a las realidades del país y se da cuenta de que ellas, no repercuten en su espíritu como episodios cerrados y sin salida, sino que su visión está desprovista de reproches y de imputaciones, por lo que es capaz de ver sin escudriñar demasiado en los hechos.

-No Elvira, no se trata de “chochear”, que el diccionario señala como “tener debilitadas las facultades mentales por efecto de la edad”, o bien en su sentido figurado y familiar “Extremar el cariño y afición a personas o cosas, a punto de conducirse como quien chochea”. No, “nietear” es otra cosa: es cambiar la efervescencia de una pasión originaria por la serenidad afectiva de la experiencia.