Quinto Día Online | Nicaragua, 2016
Opinión
Nicaragua, 2016
AUTOR
Luis Eduardo Martínez
luiseduardo.martinez12018@gmail.com
30 marzo, 2018 | 12:00 am
En junio de 2016 la oposición nicaragüense, unida en la Coalición Nacional por la Democracia decidió no participar en las elecciones presidenciales de ese año, al ser anulada la candidatura de Luis Callejas por un fallo de la Corte Suprema en manos del sandinismo, denunciando ante el mundo “la farsa electoral” y la pérdida absoluta de legitimidad del proceso en cuestión.
Horas después la Conferencia Episcopal hizo público un duro pronunciamiento con el que los obispos rechazaban “la implantación de un régimen de partido único” en el país.
Mientras tanto el secretario general de la OEA, Luis Almagro, tuiteaba reclamando “transparencia y participación de todos”. Días antes, el gobierno había negado la observación internacional, lo que la Unión Europea repudió.
Por su parte, Estados Unidos urgió a “respetar las voces del pueblo” y a dar “los pasos necesarios para realizar unas elecciones justas y transparentes”. A la par, un grupo de expresidentes latinoamericanos alertaron contra las “alteraciones graves” al ordenamiento constitucional de Nicaragua.
El presidente del Partido Liberal, el mayor de la oposición, convocó entonces a “la lucha cívica” y a la calle para defender la democracia, pero el diputado de esa misma organización política, Eliseo Núñez, en declaraciones dadas al periódico La Nación, admitió que: “los opositores no tenemos la fuerza para convocar a grandes protestas porque el trabajo de base que se ha hecho no ha sido efectivo”, mientras que Carlos Jarquín, en El País, señalaba: “La oposición no se ha podido unir, solidificarse y eso nos está llevando a la dictadura”.
Pocos meses después, en la noche del 6 de noviembre, el Tribunal Electoral reconoció a Daniel Ortega como presidente reelecto –de paso a su mujer Rosario Murillo como vicepresidente- con un 72% de la votación y una participación superior al 65%. La oposición a su vez proclamó que el ganador había sido la abstención. El 10 de enero de 2017 Ortega y Murillo juraron “servirle a Dios, a la patria y al pueblo”, en el acto de toma de posesión celebrado en Managua.
Temprano leo La Prensa, el legendario periódico de los Chamorro y entre varios titulares –“Buscan que prevalezca la censura con control a redes sociales”; “Nicaragua ya no es una democracia”, “Mujeres periodistas informan frente al poder”- me llama la atención el de la embajadora de Estados Unidos, Laura Dogou, quien afirma: “Congreso decidirá si aprueba más ayuda para Nicaragua” y me sorprendo al conocer que los congresistas estadounidenses incluyeron en el presupuesto 2018 una partida de diez millones de dólares para ayudar a Nicaragua con programas de gobernabilidad. Mientras tanto, Daniel Ortega comienza a preparar las maletas y supongo unos cuantos discursos “incendiarios” para su asistencia a la Cumbre de las Américas, en donde se fotografiará en familia con Macri, Temer, Santos, su pana Evo y quizás hasta Trump, si decide ir. Quien seguro no va a Lima es el “presidente abstención”, proclamado por la oposición, año y medio atrás.
Por cierto, a estas horas, los egipcios están votando en elecciones presidenciales, cuyo ganador será el actual mandatario, Abdelfatah Al Sisi por una única razón: la oposición decidió no participar.