Quinto Día Online

Laudices Ortega, una hermosa mesonera colombiana escuchaba nostálgica una ranchera aquel lunes 6 de Abril de 1.964 en el Bar Maizal de la Avenida Cecilio Acosta en Maracaibo. Añoraba a su novio Claudio Segundo Prieto quien tenía varios días sin visitarla. Por su parte Manuel Salvador Cano, chofer de la línea “Unión Zulia” igualmente se encontraba contrariado aunque por distintas razones, ya que habiendo salido el día anterior desde Barquisimeto con la finalidad de transportar varios pasajeros hasta Cabimas, su auto se había accidentado en los primeros tramos de la carretera Lara-Zulia.

A las 11 de la noche de aquel mismo lunes 6 de Abril 1.964, el tanquero “Esso Maracaibo” de 36,000 toneladas y al mando del Capitán Avelino Gonzales Zulaika zarpaba con buen tiempo y perfecta visibilidad desde La Salina, rumbo a refinerías en Aruba con una carga de 268.000 barriles de petróleo.

A esa misma hora Manuel Salvador Cano terminaba de arreglar su vehículo para emprender la marcha a tolda velocidad hacia Palmarejo. En el “Bar Maizal”, Laudices reía muy feliz pues su novio Claudio Segundo por fin había aparecido brindando cerveza a todos los presentes.

El “Esso Maracaibo” ya había recorrido unos 300 metros por el lago cuando repentinamente surgió un viento fuerte acompañado de impetuosas corrientes. Frente a ellos se erguía la imponente mole del puente: “General Rafael Urdaneta” (inaugurado el 2 de Agosto, 1.962) para celebrar los 463 años del descubrimiento de “Coquivaoa.” Más o menos a las 11 y 38 minutos ocurrió un corto circuito en el Generador N. 2 del barco, dejándole a obscuras y sin fuerza motriz. De inmediato sonaría la alarma y todos en el barco acudieron a cubierta pues la nave se mecía indefensa a merced de las fuertes corrientes que le acercaban peligrosamente a los pilotes del puente.

En el Bar Maizal, Laudices Ortiz estaba siendo invitada por su novio a dar un paseo hasta San Rita y minutos después se desplazaban velozmente rumbo al puente. Por su parte Salvador Cano habiendo dejado su último pasajero, igualmente enfilaba hacia el mismo destino.

El Capitán del Esso Maracaibo ya sabía lo que estaba a punto de suceder pues el pesado barco, a obscuras, oscilaba sin gobierno acercándose cada vez más hacia la estructura del puente. Nada podía hacerse, sin embargo y exactamente a las 11 y 45 de la noche el Esso Maracaibo chocaría contra los pilotes 32 y 33. Con fuerte crujido el impacto hizo que se desprendiera un segmento de 260 metros en la estructura, parte de la cual caería en el agua y el resto contra la proa del barco. El hasta entonces brillantemente iluminado puente quedó a obscuras y con un enorme abismo en pleno centro de la vía. Abajo, la tripulación del buque sabiendo lo que aquello significaba no encontraban manera de alertar a los vehículos que debido a la obscuridad, inevitablemente comenzarían a caer hacia el vacío. Tras unos 15 minutos de angustiosa impotencia la densa obscuridad arriba fue rota por dos rayos paralelos de luz de algún vehículo que ignorando lo ocurrido se desplazaba por el puente en tinieblas. Era del chofer Salvador Cano quien ignorante de lo que le aguardaba aceleraba su vehículo deseoso de recuperar el tiempo perdido. Resulta imposible imaginar la grotesca pesadilla que debió vivir aquel chofer cuando repentinamente su auto pareció flotar mientras se precipitaba hacia el fondo de un inimaginable horror.

Abajo la tripulación del Esso Maracaibo contemplaba cómo los rayos de luz de otros vehículos se acercaban al borde del puente roto y luego en escalofriante cámara lenta caían hacia las aguas. Recurrieron entonces a luces de bengala que aún les quedaban con la esperanza de alertar a otros conductores. Pero fue inútil. Otro carro, en el cual viajaban la mesonera Laudices y su galán Claudio Segundo, igualmente se precipitó al vacío. A este siguieron otros para un total de cinco. El sexto lograría salvarse gracias a que milagrosamente pudo aplicar los frenos justo a tiempo. Para entonces ya había cundido la alarma. Después se supo que un total de 18 personas murieron, aunque solo 6 cadáveres fueron recuperados.

Posteriormente se supo que el “Esso Maracaibo” ya había chocado previamente contra un oleoducto de la Petrolera Richmond. En otra ocasión encallaría en el Canal Larrazabal. Para el pueblo del Zulia aquella catástrofe del puente sobre el lago pasó a convertirse en uno de los sucesos más trágicos de su historia comparable únicamente al hundimiento de la piragua: “Ana Cecilia” y el pavoroso incendio de Lagunillas.

Rafael Sylva Moreno

insolitouniverso@hotmail.com