Quinto Día Online | La mano por un abrazo
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La mano por un abrazo
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Quinto día Old
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24 noviembre, 2017 | 12:00 am
El General se recupera de una dolencia reumática y sentado en una terraza frente al mar, toma los aires yodados de Puerto Cabello, desde la mansión amurallada de la familia Kolster.
El dictador no fue amigo de dar ni recibir afectuosas demostraciones públicas de aprecio o de sumisión entre sus subordinados, aun cuando sí de sus allegados, pero en general no se prestaba para los halagos zalameros. Hubo, por supuesto, excepciones: Delgado Chalbaud, antes de caer en desgracia, y Antonio Pimentel, compadre al igual que el primero, solían chancearse con él. A los demás, los mantuvo a raya, a cierta distancia.
En la ocasión en que se restablece el dictador en el puerto carabobeño, desfilan por el sitio de reposo los más encopetados personajes de la política y de la sociedad venezolana.
Dos distinguidos visitantes se aproximan a la azotea, por la que camina también Gómez al encuentro de sus amigos. Son los doctores Arminio Borjas y Villegas Pulido, quienes llevan los mejores deseos por la recuperación del enfermo. Pero es Borjas quien se adelanta y le abre los brazos. A solo dos o tres metros del encuentro, Gómez, que advierte la intención del abrazo, adelanta su diestra y desliza con voz firme:
–¡La mano, doctor…!