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Guías de movilización incrementan los costos para distribuir alimentos

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15 octubre, 2015 | 6:37 pm

La Sunagro decidió cobrar por cada guía que le otorga a cada empresa, con lo que la distribución y producción de alimentos se ha hecho más costosa. Cavidea señala que la disposición tendrá un costo anual de 720 millones de bolívares

El Sistema Integral de Control Agroalimetario (Sica) es una plataforma que funciona bajo el mando de la Superintendencia Nacional de Gestión Agroalimentaria (Sunagro) y otorga a las empresas el permiso para que puedan distribuir alimentos en el país. Sin la “guía del Sica” una empresa, por ejemplo, no puede enviar un cargamento de café desde Barinas hasta Caracas.

Esta semana, la Sunagro decidió cobrar una unidad tributaria (150 bolívares al valor actual) por cada guía que le otorga a cada empresa, con lo que la distribución y producción de alimentos se ha hecho más costosa, sobre todo, en el caso de los rubros con precios controlados donde la mayoría de las compañías que los elaboran no obtienen rentabilidad.

Pablo Baraybar, presidente de la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea) explica a través de una nota de prensa que “mensualmente, las empresas de alimentos tramitan alrededor de 400 mil guías únicas de movilización, y eso representa un costo de más de 60 millones de bolívares al valor actual de la unidad tributaria”.

Al realizar el cálculo, en términos anuales, señala que “el cumplimiento de la disposición impuesta por Sunagro equivaldría a un costo anual de 720 millones de bolívares, aproximadamente, e impactaría de manera directa en el costo de producción de los alimentos básicos”.

Agrega que las guías “son exigidas a empresas de distinto tamaño y naturaleza, y esas unidades productivas ya están incurriendo en los costos asociados a la contratación del personal que realiza estos trámites en cada una de las instalaciones”.

La burocracia

Polar, la principal empresa privada en el sector de alimentos, describe de esta manera cómo el control de la distribución afecta las operaciones de cada día: “En el caso de las solicitudes de Guías de Movilización de productos terminados, suministramos las toneladas métricas de productos regulados que lleva el camión, su origen y destino, placas del vehículo, nombre del chofer, etc. Una vez solicitada la guía vía Internet, debemos esperar la confirmación del pedido por parte del cliente, y posteriormente, dependiendo de las características específicas del caso, se requiere la aprobación de la Sunagro. Sólo con estas aprobaciones podemos imprimir la guía y entregársela al conductor del transporte, para que pueda iniciar la distribución, lo cual retrasa el despacho de alimentos”.

“El transportista debe contar con la guía durante la movilización de los productos alimenticios. Si no la tiene o hay alguna inconsistencia en los datos, el camión puede ser retenido por la Guardia Nacional. Cuando llegue a su destino, el cual puede ser un almacén, una planta o un comercio, el transportista debe entregar la guía a las personas responsables en ese lugar, quienes deben ingresar nuevamente al Sica para reportar la recepción de dichos productos”, dice Polar en su informe de actividades.

“La Sunagro puede negar las Guías de Movilización por diversos factores. Por ejemplo, el despacho de productos hacia determinado estado o ciudad del país, cuando considere que la movilización que se pretende hacer no garantiza la distribución justa y equitativa”, señala Polar.

Comer menos

En Venezuela los ciudadanos padecen mes a mes un veloz encarecimiento de la comida, pesar de que el Gobierno ha creado toda una estructura destinada a producir y abaratar alimentos: Mercal, se ocupa de la comercialización; Fundaproal otorga subsidios; La Sunagro diseña programas de almacenamiento; Pdval vende productos a precios regulados; Venalcasa empaqueta; Logicasa se encarga de la distribución, Casa comercializa y suministra insumos, mientras que las miles de hectáreas expropiadas deberían garantizar el crecimiento constante de la producción.

Analistas coinciden en que las causas del incesante incremento de los precios es el divorcio entre la oferta y la demanda. Mientras la demanda es estimulada con gasto público financiado, en buena parte, con dinero sin respaldo que emite el Banco Central, la oferta no crece por el descenso de la producción nacional, en especial en las fincas y empresas expropiadas por el Gobierno.

Lo que ocurre con la Harina de maíz precocida, el producto con el que los venezolanos elaboran las arepas que conforman el plato preferido para el desayuno y la cena, es elocuente. Tras la expropiación de Monaca y otras empresas, el Gobierno controla 18 plantas para procesar harina de maíz pero la producción está muy por debajo de la capacidad instalada, y la escasez se traduce en largas colas a las puertas de los supermercados.

Otro factor a tomar en cuenta, es que el Gobierno regula el precio de una amplia gama de alimentos y las empresas señalan que en muchos casos les es imposible cubrir los costos de producción que incluyen empaques, transporte e insumos.

En los problemas de oferta también interviene la escasez de dólares. En un entorno donde el precio del petróleo perdió brillo, los pagos de deuda externa crecen y PDVSA cobra a plazo los barriles que envía a países inscritos en convenios como Petrocaribe las divisas ya no alcanzan y el Gobierno recortó la asignación de dólares a las empresas privadas forzando un importante declive de las importaciones.

El Banco Central de Venezuela oculta las cifras de inflación, pero fuentes del instituto emisor señalan que en los últimos doce meses el precio de los alimentos registra un salto que supera el 150%. Las familias más humildes destinan 45 de cada 100 bolívares de ingreso a la compra de alimentos, por lo tanto el aumento en el precio de la comida golpea principalmente a la calidad de vida de los estratos menos pudientes, y es la principal causa del aumento de la pobreza.

Las últimas estadísticas difundidas por el BCV corresponden a 2014, y ya en ese año Venezuela era, por mucho, el país con mayor incremento en el precio de los alimentos en la región. El boletín de la FAO registró que en 2014 la inflación de alimentos en los diez países que representan 95% del PIB de América Latina y El Caribe experimentó un aumento promedio de 14,3%, mientras que en Venezuela el incremento fue siete veces superior y se ubicó en 102,2%.

Hasta ahora la administración de Nicolás Maduro no ha tomado medidas para frenar la escalada de la inflación, y se ha limitado a reforzar los mecanismos de control sobre el sector privado. Analistas explican que sin acciones para estimular la producción y la inversión, la oferta seguirá siendo insuficiente y por tanto la escasez y los precios continuarán incrementándose en el mediano plazo.

Víctor Salmerón

@vsalmeron