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Cambio Climático
Gestión Integral de Riesgos: del liceo a un proyecto nacional
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17 agosto, 2012 | 12:58 am
Una idea, formación y constancia sostenida en el tiempo han hecho que palabras como amenaza, vulnerabilidad o mapa de riesgo penetre los centros educativos de Venezuela. 17 proyectos cautivaron al Programa Canaima para construir cultura de riesgo como ruta hacia la prevención y la corresponsabilidad en valores
Alba Marina Gutiérrez
La Pastora en Caracas, al igual que el resto de Venezuela, sortea cada día sus propias adversidades con éxitos calculados. En ese escenario, la Unidad Educativa Liceo Agustín Aveledo es un espacio que construye país mediante vocación, corresponsabilidad y visión de sus docentes. Desde hace 10 años miraron la variable riesgo a través de la profesora Ana Graterón, coordinadora del Proyecto Gestión Integral de Riesgos.
Esta pastoreña estudió en el mencionado liceo. Se formó en el pedagógico de Caracas en Ciencias de la Tierra. Con postgrado en Ciencias Biológicas de la UCV; tiene en su haber la coautoría del programa de Ciencias de la Tierra vigente (1994), donde están insertados algunos puntos sobre Gestión de Riesgos.
La docente explicó que la propuesta es fruto de un trabajo de 10 años consecutivos. “Comenzamos de manera tímida a trabajar la parte de prevención y riesgos mediante unos planes sencillos con el Centro Nacional para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia (Cenamec), adscrito al Ministerio del PP para la Educación, y la Fundación Nacional de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). Era finales de los años 90 y todavía en Venezuela no se tenía ese auge sobre el tema; que comenzó a surgir con el Terremoto de Cariaco (1997)”.
Pero, Graterón, siempre tuvo como meta, tras su jubilación “dejar al liceo un modelo educativo en el área de riesgos que se pudiera continuar”. Esa inquietud y tener presente que Venezuela es territorio sísmico, más la presión internacional sobre una visión integral del riesgo hicieron que propusiera una línea de trabajo que desafió los paradigmas de la institución.
“Venezuela se tuvo que insertar en ese modelo internacional, por eso hay mucha gente preparada en esta área. Con esos elementos, expuse una idea al liceo. Al principio fue difícil engranar varias materias para incorporar cambios. Fue arduo. Pero la idea se concretó –finalmente- este año, ese es el Proyecto de Gestión Integral de Riesgos que presentamos al país”.
Con biología, castellano, química, ciencias de la tierra, francés e inglés conformaron 17 equipos de trabajo para 70 alumnos. Partieron con una inducción sobre la matriz Dofa. Herramienta de análisis situacional que les permitió diagnosticar, planificar estratégicamente, revisar bibliografía, diseñar encuestas y presentar su portafolio.
“Dicté al personal docente, directivo y obrero talleres sobre riesgo. A los alumnos, desde séptimo grado hasta quinto año se les formó sobre inundaciones y prevención (qué hacer antes, durante y después)”.
Sin desperdicio
Los productos finales de los alumnos no dejaron duda de que se apropiaron del conocimiento. Dominio del tema y creatividad se respiraba por doquier. La estructura de los stand fueron construidos con material reusado. Todo lo exhibido fue elaborado por los estudiantes como mapas de riesgo, diccionarios técnicos bilingües y maquetas, entre otros.
“Los muchachos captaron el modelo propuesto. Les dejé libertad para potenciar sus actitudes. El trabajo pedagógico fue más allá porque les pedí trabajar con valores como integración, compañerismo y lealtad para fortalecer el trabajo en grupo. Algo que debemos cultivar, porque Venezuela adolece de estas virtudes”.
Dos de los estudiantes contaron sus experiencias. Los tocayos Carlos Baldera y Carlos Camargo. Ambos proyectan determinación. Serán ingenieros industriales, ya tienen cupo en la UCV y en la Unexpo. Estudian inglés y practican deportes.
Baldera dijo: “Trabajamos en un tema importante como la sismoresistencia, una materia necesaria hoy día porque vivimos épocas de sismos e inundaciones. Aprendimos que los terremotos no matan, sino las edificaciones. Esta experiencia nos deja cultura general y un proyecto que podemos continuar”.
Mientras que Camargo explicó: “Lo más difícil fue preparar el montaje del proyecto pero aprendimos. Mi aporte fue el conocimiento y ganas de lograr un buen resultado. Pero el apoyo de Carlos fue fundamental. En los momentos difíciles él era la paciencia y la confianza entre el grupo. Eso nos daba seguridad y nos hacia trabajar más y analizar con detalle cada paso. Cuando uno se da cuenta que está trabajando con un compañero que en verdad le pone ganas, hay conexión y las cosas salen bien. Esta información nos va a servir para siempre. Queremos multiplicar este conocimiento entre las comunidades y, sobre todo, entre los constructores”.
Esa visión de ambos Carlos y de la profesora Ana se está haciendo realidad. El proyecto integral fue solicitado y expuesto en otros centros educativos. La Zona Educativa propuso trabajar esta idea con los Distritos Escolares y participar en el programa nacional Proyecto Canaima(2009); es decir, programar el proyecto para correrlo en computadoras.
“Falta mucho por hacer. Aprendimos que una mesa no es sólo la tabla, necesita las cuatro patas. Este es un trabajo de muchísima gente que creyó en el modelo propuesto y que debemos continuar”, exhortó Graterón.