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Esperanza por un futuro mejor
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9 junio, 2017 | 12:00 am
Luis Beltrán Petrosini
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Finalmente pareciera que el señor Ministro de la Defensa se ha percatado, en demostración de aguda perspicacia, de que la Guardia Nazi ha cometido atropellos en el control de las manifestaciones de la oposición, y advierte que no quiere ver más ese tipo de acto. Pero cuando salían a la luz pública las declaraciones del general Padrino, un valiente comando de varios guardias nazi atropellaba y golpeaba a dos jóvenes diputados de la oposición, comandados por un mayor, quien haciendo gala de gran osadía, tapaba cuidadosamente su nombre en el uniforme, de acuerdo con las informaciones proporcionadas por los agredidos, los diputados Miguel Pizarro y Juan Requesens. Al mismo tiempo, continuaban con sus actos de rapiña, cual choros de poca monta, los miembros de la Policía Nacional Bolivariana, arrebatando pertenencias personales a hombres y mujeres de cualquier edad. Constituyen el prototipo del hombre nuevo, hechura de la revolución bonita.
Pero como ya conocemos perfectamente los horrores que comete a diario el gorilismo madurista, prefiero dedicarme a comentar un hermoso vídeo que me ha llamado la atención y que nos aparta un poco, aunque sea por breve tiempo, del desastre que soportamos y al mismo tiempo nos siembra una esperanza para el futuro.
Un reportaje de la televisión colombiana, nos muestra en un vídeo, el cual recomiendo ver en http://www.noticiasrcn.com/videos/el-corazon-juanjo# , la historia de un niño de doce años, Juan José Acevedo, quien sufría de una severa cardiopatía y que solo podía ser salvado mediante un trasplante de corazón. El niño fue internado en el Hospital de la Fundación Cardiovascular de Colombia en Bucaramanga, y durante meses tuvo que vivir, mostrando una enorme fortaleza de espíritu, pegado a una máquina que le permitía a su corazón seguir latiendo. Tenía que esperar a que apareciera un niño donante de corazón para que se hiciera el trasplante. Colombia se mantuvo en vilo a la espera de un milagro, y éste se produjo. Una madre, cuyo hijo ya no tenía ninguna posibilidad de sobrevivencia, decidió donarle el corazón a Juanjo. Así, el trasplante se realizó con todo éxito y ese niño tuvo la oportunidad de soñar con un futuro. Fue inmensa la solidaridad que se mostró en Colombia en este hecho, pero existe un pequeño detalle que deseo resaltar.
Al observar con detenimiento el vídeo en cuestión, me llama la atención el nombre del cirujano que operó a Juan José y que fugazmente aparece en el reportaje. Ese nombre, Igor Donís, me trae el recuerdo de un médico muy nombrado cuando comenzó a funcionar el Hospital Cardiológico Infantil Latinoamericano en Montalbán, inaugurado por Hugo Chávez en agosto de 2006. Ese doctor Donís fue el coordinador de cirugía cardiovascular y quien realizara el primer trasplante de válvula aórtica en el país. En ese momento, ese joven médico, formado en nuestra querida Universidad Central de Venezuela y en el Hospital Universitario, había ya demostrado una pericia quirúrgica tal que fue designado para tan importante y delicado cargo. No conozco las razones por las cuales se marchó a ejercer su profesión en uno de los más importantes centros hospitalarios de América Latina en el campo de la cirugía cardiovascular, pero me las imagino. No es de extrañar que el doctor Donís ya viviera las dificultades que iba a tener para desarrollar sus habilidades y proporcionar alivio a su cada vez mayor número de jóvenes pacientes, y previera, además, que esas dificultades iban a ir en aumento, por lo que, imagino, decidió emigrar, tal como ha ocurrido con tantos profesionales en nuestro país que ahora se desempeñan con particular éxito en distintos sitios del mundo.
Causa una enorme tristeza que el doctor Donís, así como tantos otros profesionales exitosos venezolanos en el mundo en distintos campos, no puedan contribuir hoy a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de este país, pero al mismo tiempo llena de orgullo conocer que la formación que se ha impartido a lo largo de los últimos cincuenta años en nuestras mejores universidades ha sido de primera calidad, tal como lo demuestran muchos ejemplos como el del doctor Donís. A pesar del esfuerzo descomunal hecho por este desgobierno para acabar con la calidad de las buenas universidades nacionales para convertirlas en vulgares centros de adoctrinamiento llenos de basura ideológica, esas universidades resisten y son bastiones de libertad de pensamiento y de rebeldía ante el decadente y embrutecedor gorilismo del oprobioso régimen que intentan imponernos. Esos jóvenes gritan a cada instante en cada manifestación y frente a la terrible represión: no lograrán doblegarnos y en algún momento caerán y serán juzgadas sus fechorías.
Y es alrededor de todas estas circunstancias que nace una esperanza, la de que, en algún momento, cuando la barbarie desaparezca -y no tengan ustedes duda alguna de que va a desaparecer-, la mayor parte de estos hombres y mujeres talentosos que hoy brillan en sus profesiones en tantas partes del mundo van a regresar al país para brindarle lo mejor de sus capacidades y comenzar a reconstruir lo que pudo ser este país y no fue. Es entonces cuando esa hermosa experiencia de Juanjo, ese maravilloso niño colombiano a quien Igor ayudó a tener nuevos sueños, se multiplicará en nuestro país en el campo de la medicina y de muchos otros. ¡Bravo, Igor! Quiera Dios que puedas, al igual que tantos otros, regresar pronto.