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Ese curioso señor Asimov
AUTOR
Quinto Día
Redactor.1@quintodia.net
6 abril, 2018 | 4:25 pm
En ruso, Asimov se escribe Ozimov. En casi cualquier idioma en que se hayan publicado sus libros, Asimov significa robótica, inteligencia artificial, viajes al espacio y la cosmogonía de la Fundación. Pero Asimov, en ruso, español o inglés, también significa tres leyes, que revolucionarán la tecnología en un periodo no muy lejano, principalmente porque el futuro, aun en su bruma indefinible, se nos presenta a ratos como experiencia vertiginosa. Principalmente cuando se trata de máquinas con inteligencia propia.
Un escritor americano por adopción, pero soviético de nacimiento, bioquímico, profesor de la Universidad de Boston. Asimov –Ozymov- fue un hombre visionario que cambiaría no solo el futuro de la ciencia ficción de manera definitiva, también abriría a propios y extraños la posibilidad de un mundo surreal, donde la humanidad, quizás de manera prometeica, daría forma a una nueva raza desde cero: la de los androides y la inteligencia artificial. Aunque su nombre no sea familiar en muchos oídos, la cultura popular lo ha asimilado a la perfección bajo la figura de Andrew, el carismático androide de El hombre bicentenario o en figura de un Will Smith en Yo, Robot, película adaptada de su libro homónimo, publicado en 1950.
Lo cierto es que el señor Ozymov, a través de su obra, se encargó de divulgar un mundo posible, en que la inteligencia artificial desarrolle conciencia propia –curiosa falla de circuitos- y al saberse superior a su propio creador, siente las bases para una revolución de las máquinas. Es bajo este precepto que crea sus tres leyes más conocidas: Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño; Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si la órdenes entran en conflicto con la primera Ley; Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda Ley. Y aunque resulta poco creíble, al leer sus historias, podemos ver cómo ciertas proyecciones hechas por Asimov se han cumplido de manera tan certera, entre ellas la llegada de naves a Marte sin piloto alguno, electrodomésticos inalámbricos, video conferencias o el uso de la tecnología 3D, que no resulta apresurado prever que más cosas están por llegar.
Sobre todo cuando en el año 2014 un robot logró pasar la prueba de Turing, que diferencia la asimilación de la inteligencia artificial con respecto a la humana, con un 29%.
A 25 años de su partida, lo recordamos con una felicitación, señor Ozymov. En verdad logró ver el futuro.