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¿Es posible la unidad?

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18 agosto, 2017 | 12:00 am

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

La respuesta debería ser afirmativa, y ello implica, necesariamente, que en estos momentos no hay unidad efectiva en el ensamble opositor. Y podría decirse que tampoco hay unidad de criterios y representatividad entre la dirigencia política de la oposición y la abrumadora mayoría de los venezolanos, que rechazan a Maduro y su despotismo depredador. ¿Por qué no hay unidad? Porque hay diferencias de fondo en cuanto a la estrategia de lucha, que en gran medida se derivan de diferencias importantes en la identificación de la naturaleza del régimen de Maduro y los suyos.

No voy a caer en la tentación que envuelve la conseja aquella de “piensa mal, que pecarás pero acertarás”. Prefiero no ocuparme de esa temática, al menos por ahora. Lo que no significa que la subestime. ¿Es necesaria la unidad? Sí lo es, de estar bien enrumbada hacia la superación de la hegemonía. De lo contrario, no será posible forjar una unidad verdadera y eficaz.

Es que no lo manejan los venezolanos

En estos días muchos voceros políticos se rasgaron las vestiduras, ante unas imprudencias temerarias y típicas de Trump, en el sentido de que los asuntos internos de Venezuela lo manejamos y resolvemos los venezolanos. Incluso el gobernador de Lara, aspirante a la reelección, lo dijo de una manera crasa, que por respeto a mis lectores, no repito. Pero ese es el punto: los grandes asuntos políticos de Venezuela no se deciden en el país, sino en La Habana. Y lo que queda de economía, se medio maneja desde Beijing. Y las mafias rusas están metidas aquí hasta los tequeteques, igual que las FARC y muchos mega-carteles de la droga, para no hablar de núcleos del fundamentalismo islámico.

¿Entonces? ¿Por qué tanta hipocresía y demagogia? En realidad, el centro de la lucha democrática es restituir la soberanía nacional. Que los asuntos de los venezolanos –que desde hace tiempo no lo manejan los venezolanos–, sean resueltos acá, como corresponde a una nación independiente. ¡Cómo se estará riendo Raúl Castro de tantas vestiduras rasgadas!

De la economía, nada

La vocería política que no está alineada con el oficialismo, está demasiado ocupada con las “elecciones regionales”, tanto a favor y en contra, como para expresar la debida preocupación por el caos de la economía nacional. El hundimiento parece no tener fondo. Maduro y los suyos no hacen nada para encarar la mega-crisis, sino para profundizarla y extenderla.

Y mientras tanto, el pueblo padece una crisis humanitaria que no tiene ni precedentes en Venezuela, ni referentes en la región, salvo los casos de Cuba y Haití.

El ocaso de Noam Chomsky

Los tiempos de la gloria intelectual y académica del lingüista Noam Chomsky han quedado atrás, en el recuerdo de una carrera importante, pero acaso sobrestimada. El personaje, siempre fiel defensor de la hegemonía que impera en Venezuela, acaba de decir que “si Venezuela cae, la humanidad cae”. Se refería, claro está, al régimen de Maduro. Uno no sabe que pensar. Ya Venezuela cayó en manos de la delincuencia organizada –disfrazada de revolución– hace añales. Y Chomsky, tan perspicaz, ¿no se ha dado cuenta?

O sí se ha dado cuenta, pero la retórica “anti-imperialista” de la hegemonía roja es suficiente para validar lo que ocurra en Venezuela. ¡Qué triste ocaso para un gran pensador como Chomsky! A estas alturas de su vida, próximo a cumplir 90 años, defendiendo una de las satrapías más impresentables de la humanidad.

Al presidente del Ecuador

Lenin Moreno, el sucesor de Rafael Correa, le preocupa la “cantidad” de presos políticos que hay en Venezuela. El problema, sin embargo, no es el número de presos por razones políticas, sino el hecho en sí de que haya venezolanos perseguidos, encarcelados y exiliados por motivos de naturaleza política. El tema nos debe recordar que cuando Chávez llegó al poder, en nuestro país no había un solo ciudadano enjuiciado, preso y exiliado por motivaciones políticas. Ni uno solo.

Y no se trata de un mérito, sino que así deben ser las cosas en una democracia. Y Venezuela, con todo y todo, era una democracia a finales del siglo anterior. Nada de esto les importa a no pocos venezolanos. Pero los hechos son tercos, como decía un tocayo del presidente del Ecuador, Vladimir Ilich Uliánov, alias Lenin.