Quinto Día Online | Erotismo vs. Pornografía
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Erotismo vs. Pornografía
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Quinto día Old
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25 marzo, 2016 | 11:59 pm
Ambos muy cuestionados por el contenido y lo que mueve a quien le produce: La Sexualidad, aspecto del ser humano que causa gran interés y que aún es tabú, se reprime y no se enseña cómo debe ser
¿Cómo se fundamenta esa distinción entre erotismo/sugerir/arte y pornografía/mostrar/no arte? Se dice que, al limitarse a sugerir, el artista respeta y acciona la imaginación del consumidor del producto. Pero el que muestra, y aún el que muestra hasta la minucia, también respeta y acciona la imaginación del consumidor, simplemente que la pone a funcionar a un nivel distinto: Cree que sólo puede alcanzar el nivel al que aspira siendo exhaustivamente concreto. Al evitar el mostrar, se evita la obscenidad, que conduce a lo que se concibe como mal gusto.
En realidad, la distinción erotismo/pornografía es la expresión estético-conceptual de la necesidad profunda que tiene nuestra sociedad -o que nuestra sociedad cree que sigue teniendo- de continuar el proceso de hacer un ghetto o eternizar el tabú en todo lo que se refiera a lo sexual.
El origen etimológico de la palabra pornografía (del griego “porne”, o sea prostituta, y “graphe”, o sea descripción) justifica ampliamente la primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española: “Tratado acerca de la prostitución”. Pero ¿Cuántas obras acusadas de pornográficas caben dentro de esa acepción? Probablemente, ninguna. La segunda acepción dice: “Carácter obsceno de obras literarias o artísticas”. Lo peligroso es fijar la frontera, ese movedizo límite donde termina presumiblemente lo artístico y empieza lo obsceno. Como es obvio, bajo el origen de esta palabra, sólo verdaderos tratados de proselitismo pueden ser encuadrados dentro de tal concepto.
Aún prevalece la idea de que, mientras el erotismo es elegante y sublime, la pornografía posee una naturaleza sórdida e injustificable. El afán de destruir lo que se considera como “decadencia y depravación humanas” posee, tal y como podemos imaginarnos, no sólo muchos rasgos de gran hipocresía, sino también de intensa ignorancia respecto al concepto mismo del que tanto se rehúye a toda costa.
No sólo la pornografía sino también el erotismo, dejando a un lado la nebulosa conceptual de tantos censores, se hallan no tanto en las cualidades del objeto sobre el que se aplica como en la actitud de quien los juzga. “Todo es según el color del cristal con que se mire”. Es el censor quien aporta los atributos de obscenidad y no su objeto de desprecio. Ese objeto encarna en la mente de quien lo condena o rechaza una serie de ideas contrarias a las que este mismo inquisidor propugna.
Esto explica los bases mismas de la censura, proceso mediante el cual los censores buscan proteger -al común general- de las perversiones o enfermedades sexológicas o psiquiátricas. La gente quiere ver más allá de lo sugerido. Ello despierta una curiosidad morbosa, y siempre, terminará embelesado o, en su defecto, impactado o asqueado, ante cualquier manifestación pornográfica.
Cabe destacar la obligación de condenar y penalizar la que viole los Derechos Humanos y atente contra la salud e integridad humana actual y futura, como la pornografía infantil ha tenido un gran auge en esta era del Internet.
Saber diferenciar sexualidad de pornografía
–Es muy común la necesidad de aprendizaje sexual a través del erotismo y la pornografía, manifestada por los pacientes en la consulta. La burda educación sexual y los paradigmas socioculturales, que se transmiten de generación en generación, no contribuyen al desarrollo sexual integral de las personas.
–Pornofilia es la parafilia que se caracteriza por la fijación al material pornográfico (impreso, audiovisual, virtual o cibernético) para poder lograr la activación sexual. Para poder considerarse patología o enfermedad, quien la sufra debe mantener este estímulo exclusivo de desencadenamiento de toda su respuesta sexual por seis meses consecutivos.
–El uso eventual del erotismo en la pornografía, muchas veces orientado a despertar deseos sexuales o morbo sano individuales o en pareja, y hasta para adoptar la variedad sexual que no se posee o para rescatar sexualmente a su pareja al ejercerla, se confronta con lo patológico y puede generar confusión.
–También permite el contacto del individuo con su propia sexualidad, el autocontacto y la autoestimulación.
–Si se busca empañar o eliminar erotismo y pornografía, sólo se logrará estimularlos. La mejor opción ante estos dos movimientos de representación sexual es orientar de la manera más sana, objetiva y neutral sobre este respecto para no causar confusión, conceptos distorsionados, o disfunciones sexuales.
Dr. Gerardo Giménez Ramírez
Médico Sexólogo del Servicio de Urología, Hospital Universitario de Caracas
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