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Entre pranes te veas…
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Quinto día Old
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27 septiembre, 2011 | 4:58 pm
En jerga carcelaria, el pran es un mandamás que impone su mala ley con sangre y fuego –literalmente, y que además controla una red de corrupción y chantaje que le permite ampliar sus “poderes”. Este tipo de jefatura fáctica, despótica y violenta no tiene nada de novedosa en el ámbito penitenciario y tampoco en la historia del tribalismo político venezolano. Francisco Herrera Luque la retrató con maestría literaria y psicológica en Boves el urogallo… Y mucho antes que él, Vallenilla Lanz pretendió hacer ciencia con sus reflexiones sociológicas sobre el cacicazgo brutal de las llanuras venezolanas.
Lo novedoso de estas alturas del siglo XXI, es que el pran se haya convertido en el arquetipo de liderazgo dominante. El “alto gobierno”, en sus facetas civiles y militares, está repleto de pranes. Hay gobernadores y alcaldes que dejarían pálidos a los más belicosos pranes carcelarios. Y al parecer la “pranización” de las ideas básicas sobre el poder a cualquier nivel, es un obsequio de estos largos años de abuso y depredación.
El cargo de Clodosbaldo
A raíz de la muerte del contralor Russian, se ha suscitado un curioso debate sobre el tema de su sucesión. Digo “curioso” porque bien se sabe lo que pasará al respecto: la “revolución” impondrá sus intereses, y al frente de la Contraloría quedará alguien que garantice la continuidad de Russian. Lo que establezca la Constitución será pertinente en la medida que no afecte el propósito oficial, de lo contrario quedará aplastado por la intervención del TSJ, certificando el modus operandi en el nombramiento correspondiente.
Es probable que el asunto suba el volumen de la controversia parlamentaria, pero al final la aplanadora se impondrá, y no tanto a la bancada opositora, sino al decorativo estado de Derecho. En el reino de la “revolución” no existe la posibilidad de que el máximo responsable del control, vigilancia y fiscalización de los ingresos, gastos, operaciones y bienes públicos, sea una personalidad independiente, autónoma y con criterio institucional.
Ya empezó el CNE…
Parece un POV o “procedimiento operativo vigente”. Y me refiero al tipo de “decisiones” que adopta el CNE en los prolegómenos de una temporada electoral. Siembre en búsqueda de controversia y no sólo por lo sospechoso de las iniciativas, sino porque se imponen sin consulta previa a los sectores no-oficialistas. En esta ocasión se trata de la millardaria adquisición de nuevas “captahuellas”, y del cambio del tarjetón electoral. Temas que brillaron por su ausencia, por cierto, en la todavía reciente reunión de la directiva del CNE con los principales voceros de la oposición política.
Y a todas estas, el CNE se resiste a informar sobre el cronograma electoral de 2012, que sólo está a un semestre de distancia. ¿Y por qué será? La razón no es muy difícil de discernir: porque Chávez y Fidel aún no deciden qué les conviene más, si adelantar las presidenciales o postergar las regionales y municipales; y a lo mejor, si ya lo decidieron, entonces prefieren que no se anuncie hasta nuevo aviso. Así son las cosas del “poder electoral”…
¿Obras del Bicentenario?
Para conmemorar el Centenario de la Batalla de Carabobo, en 1921, el general Gómez inauguró el monumento correspondiente, uno de los más imponentes de la región. Y para el Centenario de la muerte del Libertador, el homenaje consistió en el pago final de la decimonónica deuda externa nacional. En 1950, para el Bicentenario del nacimiento de Miranda, Pérez Jiménez inauguró la nueva sede de la Escuela Militar. Para el Sesquicentenario de Carabobo, el presidente Caldera puso en servicio la nueva autopista desde Valencia y la ampliación del parque monumental. El presidente Herrera Campíns, conmemoró el Bicentenario del nacimiento del Libertador, en 1983, con el Metro de Caracas y el Teresa Carreño.
¿Y cuáles son las obras de la llamada revolución con motivo del Bicentenario de la Declaración de Independencia? Pues la multiplicada deuda externa, el desbarajuste eléctrico, el abandono de la infraestructura, el caos económico y del haber convertido a Venezuela en una de las sociedades más violentas del mundo. Para redondear la torta, sólo faltaría que Fidel Castro pronunciara el discurso central del 5 de Julio.
Cristina por la tercera
Nadie en Argentina tenía la más mínima duda de que Cristina Fernández de Kirchner optaría por la reelección presidencial. Pero faltaba la confirmación definitiva, que no más se acaba de producir. Desde que su finado marido ganara las elecciones del 2003, la pareja Kirchner se constituyó en la dupla central de la política argentina. Y el vacío dejado por la muerte de Néstor Kirchner ha sido ocupado por la viuda-presidenta, tanto en las funciones gubernativas como en las partidistas.
El principal activo de Cristina K. no es, desde luego, esa mezcla de gobierno populistón, con reconocida corrupción, e incesante apelación a la clichetería típica de la izquierda borbónica. No. Su fortaleza principal se encuentra en la debilidad de sus adversarios, en general más pendientes de sus querellas particulares, que de coaligarse para contrapesar electoralmente a doña Cristina. Para los barones del peronismo, Cristina es el mal menor, y para muchos de los jefes de las muchas oposiciones, también.