Quinto Día Online

En su intervención al juramentarse como “presidente encargado”, Nicolás Maduro reconoció un grueso y continuado embuste, y fabricó otro, no menos grueso. El primero se refiere a la versión auspiciosa o curativa de la enfermedad presidencial, sobre todo durante la campaña electoral del 2012. Al insistir que el jefe no sólo sabía sino que también creía que de ella no iba a salir bien librado, está reconociendo lo mucho que se falseó al respecto. Uno imagina que Maduro estaba tratando de dramatizar el asunto, pero lo que logró fue validar la tesis del falseamiento de la verdad.

Y el nuevo embuste se refiere a que él y Cabello, y acaso algún otro ministro, han sido los autores intelectuales del operativo estatal-comunicacional que se ha venido ejecutando antes, durante y sobre todo después del deceso. La factura castrista del mismo es tan pero tan obvia, que sobran las ponderaciones. Uno también imagina que Maduro ha debido participar en la organización del operativo, pero el mango de ese sartén no está en Caracas sino en La Habana.