Quinto Día Online | ¿Elecciones a la vista?
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¿Elecciones a la vista?
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27 enero, 2017 | 12:00 am
Fernando Luis Egaña
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Según la retórica oficial, Venezuela era el país con más elecciones en el mundo, prueba irrebatible, según esa retórica, de la naturaleza democrática de la llamada “revolución”. No importa, claro está, que las tales elecciones fueran un monumento al ventajismo descarado o al fraude continuado. Siempre se podían conseguir unos “expertos” internacionales que convalidaran las cosas, o al menos que hicieran un “balance apropiado” de los comicios y referendos.
Y ahora esa misma retórica alega que “no hay condiciones para realizar elecciones en Venezuela”. Así, sin más ni más. ¿Qué pasó? Muy sencillo. Antes la hegemonía tenía unos niveles de respaldo que, con los aderezos del caso, permitía “legitimar” su poder despótico. Ahora tiene unos niveles de rechazo que hacen demasiado peligrosa cualquier consulta popular, así se lleve a cabo por las malas o las peores. Por eso no hay elecciones a la vista. Por ahora…
La destrucción del BCV
No hay duda que el Banco Central de Venezuela llegó a ser, durante largas décadas, quizá la institución pública más respetada en Venezuela, y más acreditada en el exterior. De todo eso sólo queda el recuerdo. En el siglo XXI, el BCV fue desbaratado y convertido en un agente completamente servil de la hegemonía. Y tal situación a contravía directa de lo establecido en la Constitución de 1999. Cómo será el nivel de destrucción, que ya el BCV ni se molesta en informar sobre las variables económicas del país.
Hay que reconocer, sin embargo, que todavía el BCV cuenta con el trabajo de especialistas decentes y competentes, pero sin ninguna capacidad de influencia o decisión. Esperemos que el nuevo presidente del BCV, Ricardo Sanguino, no termine la faena destructiva del Banco Central de Venezuela.
“Carnet de la Patria”
No hay muchos alimentos básicos, pero hay carnet de la patria. No hay muchas medicinas básicas, pero hay carnet de la patria. No hay ni pasaportes, ni suficientes billetes, pero hay carnet de la patria. Es la misma historia que se repite y repite. Un nuevo mecanismo de control político sobre la población. Para someter a los venezolanos, humillarlos y pretender tenerlos amarrados con un nuevo lazo. ¿Lo lograrán?
No creo. Pero lo están intentando. Los voceros del oficialismo declaran que el carnet de la patria “mejorará la calidad de vida del pueblo”. Claro que nadie explica cómo va ocurrir eso, en un país hundido en la crisis humanitaria. El carnet de la patria es más racionamiento, pero con discriminación política. Y mientras tanto, Venezuela se hunde cada día más.
Políticos y analistas
Como dirían los sociólogos, se trata de roles distintos. Y muy distintos, por cierto. El político es quien debe plantear caminos y liderar a la población por el recorrido señalado. El analista debe estudiar las variables del entorno y ofrecer sistemas de análisis para tratar de comprender la realidad. Pero cuando el político se confunde con el analista, y viceversa, es la torta.
Un político puede dejar de serlo y convertirse en analista. Eso no está mal. Y un analista puede decidir convertirse en político y dedicarse, por tanto, a la lucha política. Y eso tampoco está mal. Lo malo es cuando se pretende ser político y analista al mismo tiempo. Se genera una gran confusión, porque la gente espera del político que lidere y conduzca, y no que discurra como observador sobre las alternativas posibles o probables.
La guerra gringa
En los Estados Unidos hay una guerra civil. No en términos político-militares, y ni siquiera por divergencias económicas. Es una guerra de índole sociocultural. Por un lado, los que le rinden tributo a la dictadura del relativismo -estén o no conscientes de ello-, y por el otro los que creen en valores trascendentes a la voluntad del ser humano. Esa guerra es sin cuartel, porque las diferencias no se están estrechando, sino ampliando.
Un sector muy agresivo del liberalismo estadounidense consideraba que su agenda ya había triunfado, y que los contrarios se habían quedado varados en la estación del tren de la historia. Pero la dinámica política, de alguna manera todavía difusa, parece señalar que eso no era así, o al menos tan así. Por eso la guerra se recrudecerá. Y nadie sabe cuáles pueden ser sus consecuencias.