Quinto Día Online | El retrato del régimen
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El retrato del régimen
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29 noviembre, 2012 | 10:43 pm
La elección del país al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas fue celebrada con gran efusividad por voceros del gobierno nacional. El presidente de
Es bueno precisar que este Consejo de Derechos Humanos creó hace varios años un Grupo de Trabajo sobre
Todo esto me viene a la memoria al leer el recién publicado libro de Francisco Olivares, “Afiuni, la presa del Comandante” (Editorial
La lectura del valiente libro de Olivares, producto de una minuciosa investigación, me produce varias reflexiones. Con todo y lo terriblemente escabroso del tema, no hay en el texto un ápice de amarillismo, más bien lo que brota de su estilo es la sobriedad con la que los hechos más brutales y grotescos son tratados; esta condición es digna de ser resaltada ya que solo se encuentra en periodistas de muy alta calificación profesional y moral. De inmediato, de ese testimonio resalta la desmesura con la que actúa el poder cuando siente que es impune y puede cometer cualquier desmán sin temor alguno a las consecuencias que ello le pueda acarrear. Independientemente de las causas que el supremo comandante pudiera tener en el caso específico del acusado de turno en ese tribunal, da la impresión de que la hoguera a la que fue lanzada la jueza Afiuni fue un mensaje enviado a cada uno de los jueces integrantes del Poder Judicial para que en el futuro observaran la debida compostura y siguieran con absoluta rigurosidad los lineamientos ordenados por el alto mando del régimen, y mucho más si se trata de “un preso del presidente”, como bien lo apunta un funcionario policial en el libro. El mensaje cumplió su cometido; basta con observar las actuaciones de algunos jueces en casos que de alguna u otra manera tienen algún interés político para el régimen y podremos confirmar esta hipótesis.
Resulta imposible en este corto texto ampliar los muchos comentarios que merece este libro, el cual debe ser de obligatoria lectura para los venezolanos, pero hay dos aspectos que vale la pena destacar. Es notable el contraste entre la actitud de los jueces cuando se produjo la arbitraria detención de la jueza Afiuni y la de los alguaciles del Palacio de Justicia cuando varios de sus compañeros también fueron detenidos. Estos últimos, ante el atropello, en forma inmediata paralizaron sus actividades en respaldo de los detenidos, conscientes de su inocencia, y lograron con esta actitud su libertad. En cambio, los jueces, compañeros y hasta en varios casos amigos de la jueza, conocedores de la rectitud y profesionalismo con que esta mujer había desempeñado hasta entonces sus funciones, hicieron como el avestruz y metieron la cabeza en la arena. No hubo una voz que protestara ante el atropello cometido en sus narices. Así será el terror que les inspira el régimen, pero, igualmente, así es la falta de dignidad que demuestran con su actitud. Cualquiera hubiera esperado, al igual que lo hicieron los alguaciles, una paralización total de sus actividades, una auténtica huelga general judicial. Nada de ello ocurrió, bajaron la cabeza como si nada hubiera pasado. ¡Qué vergüenza!
En un anexo, el libro incluye la carta que Noam Chomsky, el intelectual estadounidense simpatizante del régimen, le dirigió al presidente solicitándole la liberación de la jueza, argumentando, entre otras razones, que su decisión sobre el procesado en su tribunal cumplía con la recomendación del Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de las Naciones Unidas. Al parecer, ni respuesta tuvo el profesor Chomsky.
Cuando en el futuro, el representante venezolano en el Consejo de Derechos Humanos haga uso de un derecho de palabra, alguien le debe recordar que en su frente lleva dibujado el rostro de María Lourdes Afiuni. Ni qué decir del comandante; este caso es una de las manchas que le quedará para la historia, muy representativa de los muchos atropellos cometidos en su régimen.
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