Quinto Día Online | El país visto desde La Vega
Entrevista
El país visto desde La Vega
AUTOR
Quinto Día
Redactor.1@quintodia.net
30 marzo, 2018 | 12:00 am
-“¿Qué han sido esos 80 años para la Revista SIC?” le preguntamos al padre Alfredo Infante. Y esto contestó:
-Bueno, la Revista SIC ha sido testigo de 80 años de historia de Venezuela; inició en enero del 38 y este año, este enero, cumplimos 80 años. O sea, le ha tocado vivir. A los pocos años después que terminó la dictadura de Juan Vicente Gómez, fue fundada la Revista SIC. Entonces en todo ese recorrido histórico, acompañando y pensando alternativas para el país, dialogando desde lo social, con todas las realidades económicas y políticas del país, hay todo un background bien importante, que ofrecemos también hoy al país, como en esta coyuntura en la que estamos tan difícil y donde la memoria es muy importante.
-¿Quién fue el fundador de la revista?
-El fundador fue el padre Manuel Aguirre, importante.
-¿Y esa obra del padre Aguirre ha sido continuada?
-Por supuesto, por eso estamos aquí. La Revista SIC es una plataforma, nosotros decimos que somos una comunidad de solidaridad, porque quienes escriben en la Revista SIC son buenas plumas, pero escriben de manera solidaria, aportan su pensamiento y quienes la leen, pues también se nutren de eso. Entonces, hay una comunidad allí. Y fundamentalmente, se piensa desde una perspectiva social. En segundo lugar, el fortalecimiento de la institucionalidad del Estado, que está tan erosionada, pero nos parece que es muy importante que haya un Estado que funcione institucionalmente para garantizar los derechos de los ciudadanos. Y, todo esto también desde la perspectiva desde lo social, aunque tenemos una incidencia política y un aporte también en el pensamiento económico, a través de colaboradores.
-En este momento, ¿cuál es la influencia de la Revista SIC, en esos sectores populares?
-Somos personas que tenemos vinculación con organizaciones sociales y con los sectores populares. Por ejemplo, yo personalmente vivo en la parte alta de La Vega y resido allí, convivo allí y en ese sentido padezco y participo también de todo lo que es la vida cotidiana de esas zonas populares. Y hay otros compañeros que también están allí.
-Si tuviera que hacer un reportaje para esa Revista SIC sobre la vida en La Vega en este momento, ¿qué diría el padre Infante?
-Uno de los puntos más críticos y agudos es el tema del hambre. En estos últimos tiempos la hiperinflación realmente ha desbaratado la cotidianidad de nuestra gente, entonces cada vez es más difícil subsistir. El tema de la salud es realmente una angustia. La gente tiene miedo a enfermarse. Pero un tema muy, muy crítico que está, que es como un tema que si bien los otros son fuertes, este también se está convirtiendo, es el tema del transporte. O sea, la indignación, la incomodidad que vive la gente día a día para llegar a su trabajo, para volver a su trabajo. Y luego, otro elemento importantísimo, grave para mí, es la deserción de los recursos humanos en las instituciones nuestras, especialmente las educativas y las instituciones de salud. Con cada maestro que se nos va de una escuela, el barrio se empobrece y se van porque se están yendo o del país, o porque no tienen, o porque con su salario no pueden llegar a su trabajo. Entonces, cada día vienen noticias de este tipo.
-¿A ustedes en ese caso, se les ha ido mucha gente?
-Sí, sí. Nosotros en la parte alta de La Vega tenemos cinco centros educativos y la educación católica, en general la popular, compuesta por Fe y Alegría y las demás escuelas de La Vega, han sufrido y están sufriendo como todas las instituciones una deserción importante de educadores.
-¿Usted, desde donde vive y convive, habla con los habitantes de la Vega?
-Sí, yo ando caminando por la parte de La Vega.
-Cuando ellos conversan con usted, ¿qué le dicen, cuál es su inquietud fundamental, además del hambre?
-Mira, que ya es suficiente. La gente se siente en un estado profundo de orfandad. Y un estado profundo de orfandad es desprotección, estar huérfano es estar desprotegido y entonces hay como un estado de desprotección. Pero al mismo tiempo hay que decir que también hay mucha energía, mucha fortaleza, cada vez hay más gente que está pensando, reuniéndose, buscando cómo colaborar unos con otros para enfrentar esta situación tan crítica.
-Bueno, le preguntaba qué aporta el padre Alfredo Infante en La Vega.
-Muy interesante esta pregunta, porque lo lleva a uno como a tomar como conciencia de qué, y hacer una síntesis de lo que uno está aportando. Yo creo que lo primero es acompañar. En este momento, como hombre de Iglesia, mi responsabilidad es acompañar la pasión y muerte de nuestro pueblo. Hay mucha muerte en Venezuela, pero como Iglesia, aportamos la esperanza y el deseo de la resurrección.
-Pero yo le estoy hablando de La Vega. ¿Qué propone usted ahí en La Vega para mejorar las condiciones de vida de esa gente?
-En La Vega hemos venido trabajando, por ejemplo, a nivel de educativo el tema de la violencia, de cómo hacer que en los centros educativos podamos tener una educación segura y protegida de un contexto de violencia. En segundo lugar, también ante la situación del hambre, hemos ido creando comedores. Hoy, en la parte alta de La Vega están comiendo alrededor de 1.200 niños de lunes a viernes y eso con esfuerzo y con propuestas y solidaridad que se van dando. Y ahora también nos hemos ido organizando para ver cómo hacer que nuestros docentes no se vayan de la zona alta de La Vega, porque con cada docente que se va nuestro barrio se empobrece y la calidad de vida de nuestros niños se empobrece.
-¿Y la gente lo tiene a usted como un pastor, como un vecino más?
-Sí, por lo menos con las personas a las que voy visitando en las comunidades, en las diferentes comunidades, pues vamos entablando ese tipo de relación y creo que esa es la misión de la Iglesia fundamentalmente. ¿Qué pide la gente, qué espera la gente de uno? Lo primero, creo que ahorita hay mucha necesidad de ser escuchado, de atención personal, de tanta situación que esta misma situación difícil le lleva a la gente como unos niveles de angustia muy fuertes, entonces bueno, uno está allí también para escuchar, para acompañar. Eso en primer lugar. En segundo lugar, también ser un hombro más, una mano amiga más en medio de esta situación, que pueda ayudar a pensar y aportar como uno más, dentro de tanta dificultad y problemática. Pero algo muy importante también es que hay como un anhelo profundo de que haya un cambio en el país y un cambio que no sea traumático, un cambio que sea realmente institucional, un cambio que sea por la vía electoral.
-De acuerdo con ese análisis que usted tiene y lo que usted ve y palpa cada día donde reside, ¿la gente está motivada para votar en las próximas elecciones?
-Yo he escuchado y he conversado con distintas personas y creo que en esta propuesta electoral por las condiciones que existen de un CNE ilegítimo, de una Asamblea Nacional Constituyente en la que la mayoría de la gente no fue a votar y fueron muy críticas ese proceso, la gente tiene como mucha desconfianza en este contexto electoral.
-Pero si quiere un cambio, ¿cómo van a cambiar las cosas si desconfían?
-Pero de todos modos, sí exigen, diríamos, están como ven que el camino tiene que ser electoral, pero con unas condiciones más competitivas. Entonces, yo creo que los actores políticos deberían escuchar ese clamor del pueblo venezolano, de la gente de los barrios que no quiere llegar a situaciones de más violencia.
-¿Y cuáles son las características de ese cambio que usted percibe que quiere esa gente?
-Algunas frases que la gente dice, la gente está cansada, mucha gente está cansada de recibir dádivas porque sienten que son un cliente más y que la están comprando –diríamos— que le están irrespetando su dignidad. Y en ese sentido la gente quiere una sociedad donde se recupere el valor del trabajo, donde el valor del educador, su salario dé para vivir dignamente, donde el obrero pueda trabajar y sentir que lo que compra y va al mercado y compra es fruto de su trabajo. Eso a nivel, diríamos económico, o sea, están cansados de la bolsa del CLAP. La reciben, porque no hay otra alternativa, pero todas esas dinámicas están agotadas también, están generando una asfixia y un descontento profundo y lo que se quiere es realmente, un país donde se reactive la productividad y donde el trabajo recobre su valor.
-¿Cómo ve a la oposición?
-Ah, ¿cómo veo yo a la oposición? Bueno, yo veo que en la oposición hay oposiciones. O sea, no se puede hablar de la oposición.
-¿Hay opositores?
-Es una gama muy amplia y muy variopinta, entonces hay como muchos proyectos allí que se están debatiendo y modos también de hacer políticas. Entonces, es muy difícil hacer un juicio homogéneo sobre la oposición.
-¿Y con quién están los jesuitas en esta cosa?
-Nosotros tenemos lo que llamamos el proyecto apostólico de provincia, que en definitiva recoge como el proyecto que queremos de país, que es apostar por el fortalecimiento de la sociedad civil, aportar por una restitución de la institucionalidad en el país desde la perspectiva de los sectores populares hacia una visión inclusiva, en un estado que respete los derechos humanos, que dé garantía de respeto a los derechos humanos.
-Yo le preguntaré a usted cómo ve el país desde el punto de vista y cómo ve las instituciones del país. Cuando digo instituciones, digo los poderes públicos, las Fuerzas Armadas, que tenemos nosotros en estos momentos.
-Sin duda alguna, las instituciones están totalmente frágiles, están desmoronadas porque lamentablemente el partido de gobierno ha hecho de las instituciones una maquinaria clientelar y en un país donde no hay identificación entre partidos, gobierno y Estado, pues hay un totalitarismo en ese sentido. O sea, el partido que gobierna controla la institucionalidad del Estado, entonces, no hay una distinción entre gobierno y Estado.
-¿Incluyendo la jerarquía eclesiástica?
-También, sin duda alguna es notorio y público que a lo largo de este proceso, pues se han expresado las diferencias internas dentro de la Conferencia Episcopal, pero que hoy que todo eso, esa es la diferencia, o sea cuando eso sucede porque somos humanos, la Iglesia es santa y pecadora, pero en este momento creo que hay un diálogo profundo y una unidad de espíritu en función del país, porque no podemos estar en este momento fragmentados, ante un país que se nos está cayendo.
-Cuando usted oye a gente del gobierno y gente que vienen al programa, dicen que la Iglesia se ha convertido en un partido político de oposición. ¿Qué piensa usted de eso?
-Mira, sin duda alguna yo, en mucho, soy un opositor, pero eso no significa que sea de un partido político, mi oposición es porque mi parcialidad es la dignidad humana y el bien común y todo lo que atenta contra la dignidad humana y el bien común, va a encontrar en mí una oposición.