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Opinión

El amigo perverso

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23 junio, 2017 | 12:00 am

Hildegard Rondón de Sansó

Hablar de un amigo y, calificarlo de “perverso” es una contradictio in terminis, ya que si alguien es un amigo, ello significa que nos da su afecto, su comprensión, su compañía y su ayuda, por lo cual sería una ingratitud emplear en su contra tan peyorativa designación.

Pues bien, en el escenario del siglo XXI, muchos de nosotros tenemos un amigo perverso que nos cercena la felicidad en múltiples momentos, y que aun cuando no está presente, sigue creándonos problemas. Es decir que, tanto su ausencia como su presencia tienen un efecto negativo, y ustedes opinarán igual, cuando sepan que el amigo perverso no es otro que el celular.

Estoy hablando indudablemente a nombre de las personas que, como yo, nacimos antes del estallido de la tecnología informática y, por ello, poseemos pocos recursos para dominarla, sobre todo hoy en día, cuando no es solo un medio para comunicarnos, sino que se ha convertido en el elemento sustitutivo de múltiples aparatos y actividades que comúnmente utilizamos, e incluso, de los que son de uso excepcional. Estamos aludiendo a las cámaras fotográficas, a las copiadoras y a los despertadores, a lo cual se une un variado grupo de objetos de trabajo, de investigación y de diversión.

Un niño de cinco años puede perfectamente manejar un celular; una tablet e incluso, un computador sin equivocarse, mientras que los de mi generación sufrimos el embate de la ignorancia ante tales artefactos, sobre todo cuando vemos la maestría que los más jóvenes ostentan. A duras penas conocemos cuál es la tecla para apagar el celular y quedarnos dormidos, pero ello nos hace permanecer en un mundo “límbico”, con una ignorancia tan avasalladora que no sabemos cómo se contacta por el teléfono a alguien, ni cómo borrar una comunicación, ni cómo colocar a nuestras personas queridas en la lista de los “contactos”, ni encontrar dicha lista, ni enviar un mensaje por el teléfono y ni siquiera recibirlo debidamente.

Con el enemigo perverso, lo más grave es que se presume que no sea tal, sino el objeto mágico que es para los expertos. Es así como hay quien presupone cuando me contacta, que está hablando con una colega, por lo cual las informaciones fundamentales que debía darme las realiza a través del amigo perverso. Además, la mejor forma de mantener relaciones con personas que viven en el exterior es mediante el Whatsapp, a través del cual nos llamamos o nos escribimos; pero nada de esto es sencillo. ¿Cómo aprender aceleradamente algo que es esencial, sobre todo en un momento en el cual está presente el indicado carácter “sustitutivo” de los celulares sobre la mayoría de las actividades básicas?

Lo anterior parece ser una opinión dicha en sentido humorístico, pero no hay humorismo en ello. Lo que hay es –estimo yo al respecto- la misma situación existente en los siglos pasados en que sólo los muy cultos conocían el abecedario y sus acompañantes no sabían manejar nada al respecto, a los fines de construir en base al mismo, frases, ideas y comunicaciones. Nos imaginamos que, en nuestra situación, han debido vivir y morir los analfabetas que ignoraban las ventajas de la lectura.

No hay nada que hacer. La recomendación de quien esto escribe es que vayan rápidamente a una escuelita de enseñanza elemental y se inscriban de inmediato en ella, esperando que tengan compañeros muy jóvenes, a quienes les puedan consultar los conocimientos básicos del Iphone, del Ipad y del Ipod, entre otros.