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Economía

El 63% de la población no tiene seguro de atención médica

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10 marzo, 2017 | 12:00 am

En 2016 en todos los grupos aumentó la población sin seguros de salud. De hecho, 20% de la población que se ubica en el quintil cuatro, es decir, la clase media, dejó de tener una póliza de seguros

Víctor Salmerón

@vsalmeron

La Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar señala que el 63% de la población “no tiene planes de seguros de atención médica”, entendiendo por esto una póliza de seguros en una empresa privada o una cobertura pública que garantice un catálogo de servicios esenciales. Esta proporción representa un salto de diez puntos porcentuales respecto a 2015.

La metodología que emplea Encovi divide a la población de acuerdo al ingreso. El ejercicio equivale a ordenar a todos los venezolanos, desde el individuo más pobre al más adinerado, y luego dividir el total en cinco grupos. Cada grupo recibe el nombre de quintil.

En el quintil uno está la población de menor ingreso y en el cinco la más adinerada. Encovi determina que en 2016 en todos los grupos aumentó la población sin seguros de salud. De hecho, 20% de la población que se ubica en el quintil cuatro, es decir, la clase media, dejó de tener una póliza de seguros para gastos de salud al contrastar 2016 con 2015.

Esta situación es altamente preocupante en un país que está dejando de ser joven y donde cada año aumentará la demanda de servicios de salud. Al cierre de 2016, el 39% de la población ya superaba la barrera de los 35 años.

Las aseguradoras

Las empresas de seguros sufren el impacto de un entorno signado por el incesante incremento de los precios, el empobrecimiento de la clase media, la escasez y un marco legal que no permite mayor flexibilidad. La radiografía del sector al cierre de 2016 deja en claro que el pago que hacen las personas y las empresas para adquirir sus pólizas, conocido como primas, no alcanza para cubrir el costo de los siniestros, los gastos de funcionamiento y las comisiones que se cancelan a los corredores que captan los clientes. Cuando esto ocurre, las aseguradoras registran pérdidas técnicas, es decir, la actividad medular del negocio emite señales negativas.

Las cifras de la Superintendencia de la Actividad Aseguradora registran que en 2016 las pérdidas técnicas suman 90 mil 309 millones de bolívares, magnitud que se traduce en un salto relevante respecto a las pérdidas de 7 mil 144 millones en 2015 y un momento diametralmente opuesto a 2014, cuando el corazón del negocio reportó ganancias por 9 mil millones de bolívares.

Las otras dos áreas de la actividad determinan que el año reporte ganancias. Las compañías de seguros se protegen a través de empresas conocidas como reaseguradoras. Básicamente suscriben un contrato para que la reaseguradora asuma parte o la totalidad de un posible siniestro, de esta manera disminuyen el riesgo.

El reaseguro también se emplea para estabilizar la situación financiera de la empresa. Además, las aseguradoras invierten sus reservas técnicas colocando parte del dinero en la banca, en bonos o en inmuebles. El efecto conjunto del reaseguro y las inversiones deriva en que el cierre final de 2016 arroje ganancias por 34 millardos de bolívares, pero se trata de un resultado soportado en una base que no es la actividad medular de las empresas de seguros.

La inflación es el epicentro del desajuste que genera las pérdidas técnicas. El negocio de las aseguradoras se sustenta en que no todos los que compran una póliza sufrirán la enfermedad, el incendio, el choque de su vehículo o la calamidad sobre la cual se protegen. Pero cuando la inflación se sale de control el precio de los exámenes médicos, las operaciones quirúrgicas y demás tratamientos en el área de salud, así como el costo de reparar un vehículo averiado, se dispara y el dinero que pagan los clientes al contratar su póliza queda pequeño frente al monto de los siniestros.

El desabastecimiento se suma a la lista de inconvenientes. Ante la falta de ahorros en divisas, el descenso de las reservas internacionales y el elevado monto que el país debe cancelar por vencimientos de deuda, el gobierno ha optado por recortar drásticamente los dólares que vende al sector privado. El resultado es una caída muy importante de las importaciones, que deriva en escasez de insumos médicos y piezas para reparar vehículos.

La consecuencia de la escasez es que, por ejemplo, el choque que un cliente reporta hoy a su empresa de vehículos y amerita una reparación tarda hasta siete meses en repararse porque los talleres mecánicos no tienen el repuesto. Asimismo, la operación quirúrgica que debe realizarse esta semana puede postergarse hasta cuatro o cinco meses por falta de materiales. En este tiempo, el precio de la reparación o la operación, puede duplicarse.

Qué hacer

José Vicente Torres, actuario experto en seguros, escribe en un análisis sobre la situación del sector que las empresas deben explorar la “creación de nuevos productos al alcance del bolsillo del consumidor. Esta perspectiva causa un importante impacto en la intermediación, dado que implica un esfuerzo muy superior en la captación y mantenimiento de sus asegurados. Tomar conciencia de esto o aclimatarse a esta nueva realidad en la cual estamos todos sometidos. Día a día escuchamos la pérdida de cartera a todo riesgo, entonces es una realidad que está encima”.

Corredores de seguros explican que la clientela hace el esfuerzo por mantener algún tipo de protección. Por ejemplo, en el caso de las pólizas de salud es creciente el número de personas que opta por una póliza que sólo cubre hospitalización y cirugía, descartando consultas médicas o tratamientos odontológicos, entre otros.

En el caso de automóviles aumenta la cantidad de personas que opta por una póliza que sólo cubre pérdida total o solamente daños parciales, con limitaciones en cuanto al número de siniestros que puede reportar a la aseguradora.

El último dato suministrado por el Banco Central de Venezuela indica que en 2015 la inflación registró un salto de 180%, el más alto desde 1951, el año más antiguo en las estadísticas del país. Las proyecciones de bancos y firmas de análisis señalan que en 2016 superó 400% y para 2017 las estimaciones esperan otro impacto de grandes proporciones que seguirá poniendo a prueba la capacidad de adaptación de las aseguradoras.