Quinto Día Online | Cuba y Venezuela: semejanzas y diferencias
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Cuba y Venezuela: semejanzas y diferencias
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Quinto día Old
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15 diciembre, 2011 | 5:48 pm
En el curso de los últimos diez años han surgido, en los regímenes de Cuba y Venezuela, sendas crisis que han recibido diferente tratamiento y opuesta solución. No se originaron tales crisis como consecuencias de contradicciones sangrientas o de pugnacidades insuperables. Las crisis de Cuba y Venezuela derivaron de dolencias o trastornos de salud que amenazaban de no resolverse y la eventual desaparición o inhabilitación práctica del Jefe de Estado en una completa acefalia. Las crisis, parecidas o análogas en sus orígenes y consecuencias, merecieron soluciones bien diversas. Es sorprendente el abismo existente, en lo que atañe a la solución de esta crisis, entre dos regímenes que con frecuencia aparecen coaligados o identificados por una misma postura ideológica, una misma raíz política y una misma cepa moral. La solución dada por los dos regímenes al problema de la vacancia eventual de la Presidencia de la República viene a recordarnos cuantas millas náuticas de distancia en lo estratégico y en lo ético separa a Cuba de Venezuela. Son dos mundos separados por un anchuroso vacío espiritual.
La crisis cubana despuntó cuando el cuerpo médico, bajo el cual vive Fidel Castro, detectó en su salud signos de una enfermedad que podía conducirlo a la muerte, de no tomarse ciertas providencias que implicaban entre otras medidas insoslayables, la reducción abrupta de una jornada cotidiana de trabajo. Conocido el diagnóstico y avizorado el pronóstico, deliberó el buró político del Partido Comunista Cubano, los médicos invitados a tal reunión ratificaron el informe rendido por ellos e hicieron especial énfasis los efectos sobre el curso posterior de la dolencia si no se contraía al mínimo el horario de trabajo del enfermo. Ante todo, los médicos consideraban urgente una intervención quirúrgica por la cual debería empezar el tratamiento Fidel Castro, advirtieron, debe pasar unos meses, aún siendo felices los resultados de la intervención que consideramos indispensable y perentoria, reducido a un horario de trabajo mínimo.
Frente a este cuadro, Fidel Castro tomó la resolución de separarse de la presidencia de Cuba y así se lo comunicó al buró político del partido gobernante. La Presidencia de Cuba exige una atención completa y absorbente, reducir el tiempo que se le dedique, acotó el propio Fidel Castro, sería una irresponsabilidad sea cual fuere el ángulo desde el cual se enfocare tal decisión. El resto de esta historia es conocida hasta por las piedras en nuestra América. Fidel Castro fue operado, pero antes de pasar por la cuchilla de los cirujanos, hubo de separarse de tal cargo y surgió una interinaría en la Presidencia de la República que solo vino a superarse hace poco tiempo cuando Raúl Castro fuera investido con la presidencia a título permanente. Aquí no hubo vacilaciones, zigzagueos, equívocos o emboscadas. Fidel Castro abandono la presidencia y, tiempo después, renunció al cargo de presidente y a la condición de primer secretario del Partido Comunista. Así, con neta claridad y prestante rapidez, se tramitó la crisis cubana.
Aquí ha sufrido el presidente Chávez una enfermedad de la cual ha ido conociendo el país sólo por cuotas. Las cosas han ocurrido a la inversa de lo sucedido en el proceso de Fidel Castro. En Cuba, en cuanto los médicos señalaron la existencia de achaques graves en la salud del jefe de Estado, sobrevino la deliberación política en la más alta cúpula del partido oficial. Analizando la situación que se abría, con todas sus alternativas, sin omitir ninguna, se tomó la decisión de aceptar la separación de Fidel Castro de la Presidencia de la Nación. Se abrió sin equívocos ni mediatintas la interinaría de Raúl Castro que con posterioridad se transformaría en ejercicio pleno de la Presidencia. Las instituciones habían funcionado oportuna y eficazmente, tal como fueron creadas en el texto constitucional cubano que data de los años setenta.
En Venezuela se ha necesitado más de un mes, desde el viaje del Presidente de la República al Brasil, al Ecuador, y por último a Cuba y una gravedad del mismísimo altísimo funcionario, para que la opinión nacional venga a saber que el Jefe de Estado ha sido operado y sufre una enfermedad que podría conducirlo al campo santo en un tiempo no determinado. El Presidente de Venezuela tenía que saber cuándo emprendió su equívoco o bien disfrazado viaje al Brasil, al Ecuador y a Cuba, la posible gravedad del mal que padecía. Era su deber imitar a Fidel Castro quien, él mismo para que no hubiera dudas capaces de trastocar las percepciones, convocando la máxima instancia del Partido Comunista, el buró político. Aquí no se hizo nada de eso. Imitando a Nicolás Maquiavelo, hubo chismes, consejas, de todo lo cual salió la idea del viaje a Cuba, un viaje curioso, porque el objetivo central, la salud del jefe del Estado fue disimulada, ocultada o escamoteada con cuidadosa meticulosidad. En Cuba los exámenes confirmaron los resultados o las sospechas engendradas en Venezuela y por la cuales se decidió el viaje a Cuba pero disfrazado de una sutileza que habría sido calificada de florentina.
Entre los regímenes de La Habana y Caracas median diferencias profundas, así haya entre ellos muchos rasgos comunes. En la Segunda Guerra mundial los Estados Unidos, nación que no era en aquel tiempo menos capitalista que lo es ahora, fueron aliados entrañables de la Unión Soviética y de los guerrilleros chinos que ya habían liberado vastas zonas del noroeste de su país. El régimen de Caracas es un capitalista como el de Londres o el de Bogotá, hasta en las inmoralidades en que son tan pródigos nuestros políticos, el capitalismo es el subsuelo moral sobre el cual se apoya todo el andamiaje ideológico. Los corruptos del régimen bolivariano, tan descarado e intocable como fueron los corruptos del régimen adeco o copeyano, roban o se aprovechan para beneficio personal, no para beneficio de una comuna socialista. En Cuba hay un régimen fuerte que tiene que ejercer la dictadura, porque tiene frente, al imperialismo más poderoso de todos los tiempos. No prestarle o tributarle a tal régimen la solidaridad que necesite o una mayor si fuere preciso, es el deber de todos los revolucionarios en escala universal. El día que cesare el bloqueo, esos mismos revolucionarios, no vacilaríamos en decirle a los compañeros que gobernaren en La Habana, llegó la hora de admitir en el juego político a todos los matices del pensamiento revolucionario sin excepción. Quien reclamare esto tendría un aval formidable, el de haber sido solidario con Cuba en las horas del infame y cobarde bloqueo que desde 1962 afecta a la isla.
La Venezuela de Chávez ha sufrido por parte de los Estados Unidos la compra de casi dos millones de barriles de petróleo diarios. La Cuba de Fidel y Raúl Castro sufre el bloqueo más prolongado de toda la historia. Tamaña diferencia no puede ser gratuita, no olvidarlo es un deber revolucionario de primordial importancia.