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Confesiones de Caldera sobre el indulto a Chávez

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19 febrero, 2015 | 11:32 pm

Hace poco menos de un mes, el ex Presidente Caldera habría cumplido 99 años. Sus amigos y familiares recordaron la fecha y fue una oportunidad para expresar ante el país, la reivindicación de este líder fundador de la democracia moderna, junto con Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba.

El Pacto de Punto Fijo. Sus dos presidencias dejaron un legado, no ajenos a la polémica.

Una de sus decisiones, que todavía se discute, fue el indulto a Chávez.

El propio Presidente lo explicó. Su hijo, Juan José, publicó hace pocos días un libro para contar la historia en frases suyas y de su padre.

Juan José Caldera, uno de los hijos del Presidente, revela en su testimonio hechos hasta ahora desconocidos sobre la libertad de los golpistas. Pero advierte que cuando Caldera llegó a la Presidencia, los gobiernos predecesores habían puesto en libertad a más de 270 de los involucrados en las asonadas militares.

Cuenta además, el análisis de los estudiantes de la Universidad Monte Ávila, en un trabajo de grado en el cual concluyen que los primeros sobreseimientos fueron otorgados por Carlos Andrés Pérez.

Recuerdan además los estudiantes en su tesis de grado que “El 5 de junio de 1993 es nombrado como presidente interino el liberal Ramón J. Velásquez” y que “Cerca del fin de su presidencia Velásquez otorgó sobreseimientos”. Velásquez recibió en audiencia a Francisco Arias Cárdenas a sólo semanas de haberse encargado de sus funciones. Y el 27 de diciembre de 1993, ya elegido el nuevo presidente, el diario Últimas Noticias atribuyó a su ministro de la Secretaría haber dado “La seguridad de que Hugo Chávez, Arias Cárdenas y demás procesados militares y civiles saldrán en libertad antes de que Rafael Caldera suma la presidencia”. Lo cierto es que cuando Caldera tomó posesión de la presidencia, la prensa informaba que “Han sido sobreseídas las causas de… 270 beneficiados antes de la instalación del nuevo gobierno”.

El testimonio de Juan José Caldera

El Presidente Caldea puso en libertad a Hugo Chávez como a otros de sus compañeros de rebelión, por los motivos y en las circunstancias que se han recordado aquí. Pero no fue el artífice de su elección, ni votó por él. Chávez no llegó al gobierno por su causa. Así lo dijo él mismo a una ciudadana que, a la entrada de una clínica, pretendió enrostrarle “La culpa” de que Chávez fuese presidente. Le respondió sencillamente: “¿Por qué?, si yo no voté por él”. Algo parecido me ocurrió a mí en San Felipe, estado Yaracuy, con un profesional universitario tradicionalmente vinculado al Partido Acción Democrática, que me comentó: “¡Qué broma nos echó el doctor Caldera!” “¿Por qué”?, pregunté. “Porque soltó a Chávez”, respondió…

Se ha llegado incluso a difundir la invención de que Chávez era ahijado de Caldera, y que por esa razón se llamaba Hugo Rafael, y fue favorecido por “su padrino”. Aunque parezca increíble, todavía hay quien lo pregunta, a pesar de que el propio Chávez se encargó de desmentirlo. Y la verdad es que Caldera ni siquiera lo conocía, como la inmensa mayoría de los venezolanos, hasta el intento de golpe del 4 de febrero 1992. Fue entonces cuando supo también, como muchos, que había prestado servicio como oficial en Miraflores durante el gobierno de CAP y que su padre, Hugo de los Reyes Chávez, había sido Director de Educación en el Estado Barinas durante el gobierno de Luis Herrera. Paradójicamente, mientras los adversarios de Caldera le echan “La culpa” de todos los males causados por el “chavismo”, al mismo tiempo que aplauden a quienes lo apoyaron para ganar las elecciones (y luego se arrepintieron), Chávez nunca le agradeció su libertad.

¿De quién es “la culpa”?

Muy pocas voces se expresaron en el país contra el sobreseimiento concedido a los militares procesados por las intentonas golpistas del año 1992. La más relevante e insistente fue la de Luis Piñerúa Ordaz, quien criticaba “Premiar con la impunidad el crimen de lesa democracia de haber intentado deponer mediante el uso de las armas al gobierno legítimamente constituido” (20/2/94); pero no mostraba ningún temor por la libertad de Chávez y dijo que “seguramente no habrá de tener en las lides políticas “Éxito” mayor que el alcanzado en la guerra, que debería ser su fuerte” (3/4/94).

Banco Latino

En circunstancias realmente críticas se inició su segundo gobierno. Recibió un país convulsionado, anarquizado, que comenzaba a enterarse de la gravísima crisis de sus instituciones financieras, que vivía sobresaltado por el rumor constante de un inminente golpe de estado o de un estallido social, que pondría fin a cuatro décadas de experiencia democrática. Como él mismo expresara en su última alocución ante el parlamento: “Al poco tiempo pudo verificarse que la profundidad de la crisis era mucho mayor de lo pensado. Se trataba no sólo de una profunda crisis económica sino de una crisis política, una crisis moral. Ya antes de asumir había sido intervenido el Banco Latino, cuyo déficit resultó inmensamente mayor a lo anunciado. Luego se encontró que no era ese instituto el único afectado. Más de la mitad de los bancos estaba en situación crítica, y lo que se supuso falta de liquidez en realidad resultó falta de solvencia. Se perdió la confianza en el sistema.

En efecto, a mediados de enero de 1994, días antes del inicio del nuevo gobierno, el presidente interino Ramón J. Velásquez, ordenó la intervención del Banco Latino, tercer banco del país y depositario de los ahorros de más de 600 mil personas naturales. Ese hecho apenas mostraba la ‘punta del iceberg’, porque poco tardaría en evidenciarse la crisis sistémica que nunca había ocurrido en Venezuela y que afectaba la totalidad del sistema bancario en proporciones realmente graves para cualquier país del mundo, en cualquier época. Las pérdidas que se habían originado en los bancos antes de 1.944 y que ocasionaron la crisis por falta de la debida y oportuna supervisión del Estado, radicó principalmente en los créditos que se otorgaron a sí mismos los dueños, y en el crecimiento desorbitado de las tasas de interés.

Muchos venezolanos vieron en peligro los ahorros de toda su vida, porque habían vendido su vivienda para vivir de los altos intereses que les ofrecían los bancos, y hubiesen ido a la ruina si el gobierno no enfrenta la situación como lo hizo, con los llamados auxilios financieros; luego, injustamente criticados pero que en su momento nadie se atrevió a censurar. A tres millones y medio de depositantes se les pagaron en total 1.238 millardos de bolívares. Después se dijo que tales auxilios se habían realizado para favorecer a los banqueros, quienes estuvieron, por cierto, muy lejos de manifestar simpatías por el gobierno. Sin embargo, el dinero que se restituía a los ahorristas iba directamente a la compra de dólares, única inversión confiable; y para que no se agotaran las reservas fue necesario aplicar el control de cambio, lo que a su vez requería el apoyo de un control de precios. “La lucha contra la inflación forzó a adoptar medidas indicadas por la ciencia económica, con repercusiones ingratas sobre la población”.

Luis José Hernández