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Cómo se mueve el contrabando en la frontera zuliana

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24 noviembre, 2017 | 12:00 am

Combustible, efectivo y medicinas se venden al mejor postor

En Puerto Caballo, parroquia Idelfonso Vásquez, al norte de la capital de Zulia, la venta y compra de combustible se ha vuelto un negocio familiar

María Castaños

Mariivi_casta19@hotmail.com

@mariivi__18

En el Zulia, uno de los estados fronterizos con la zona limítrofe más caliente de Venezuela, el contrabando de combustible, la escasez de alimentos, medicamentos y efectivo se ha vuelto una problemática frecuente para sus habitantes.

A pocos metros de lo que se conocía como el ‘Core 3’, actualmente Comando de Zona 11, una alta cantidad de personas trasladan pimpinas de gasolina para la venta ilegal, aunque el gobierno nacional, a mediados del 2015 había implementado de manera obligatoria colocar en los vehículos unos chips para controlar la cantidad de veces que una persona puede llenar su tanque de combustible, y así evitar el contrabando del mismo.

En Puerto Caballo, parroquia Idelfonso Vásquez, al norte de la capital de Zulia, la venta y compra de combustible se ha vuelto un negocio familiar. En las aceras de la vía pública se puede observar mujeres embarazadas, jóvenes, adultos mayores y hasta niños en la espera de un cliente para efectuar la venta. En las tardes es cuando más vendedores hay a la caza de conductores que vienen de La Guajira. La mayoría de los compradores son contrabandistas, que luego de vaciar sus tanques cerca de Colombia regresan con unos pocos litros a Maracaibo.

Carlos Fuentes será el nombre que se utilizará para identificar a una de las personas encargadas de distribuir el combustible de manera ilegal, quien dijo a esta reportera que se mueve “en este negocio desde hace 4 meses. Anteriormente era pescador, pero la delincuencia que azota la zona de Puerto Caballo nos dejó sin los motores de nuestras lanchas. Vender el combustible ilegal fue la única alternativa que tuve para sobrevivir”.

Fuentes expresó que su esposa y madre lo ayudan a llevar el negocio. “Comenzamos a trabajar a las 7 de la mañana, de lunes a lunes hasta las 2 de la mañana, ya tenemos nuestros clientes fijos. En este momento estamos comprando el litro de combustible en 8 mil 500 bolívares, aunque este precio puede variar dependiendo del día y de cómo se cotice el dólar”. Agregó que “nuestros clientes fijos pueden venir a la hora que ellos prefieran, porque a pesar de que somos una zona muy humilde respetamos a las personas que se acercan a vender el combustible”.

El sistema de pago para la compra y venta de gasolina se realiza en efectivo. “Nosotros manejamos más efectivo que los mismos bancos de la entidad”.

Fuente finalizó manifestando que no solo el combustible es llevado de manera ilegal a tierras colombianas: “A diario por esta vía se pueden apreciar desfiles de camiones que transportan tanto a personas, como mercancía para llevarla a Maicao. Cualquier cosa que se lleve a esa zona la puedes vender y obtener algunos pesos. Las personas que viajan hacia allá cancelan 100 mil bolívares por persona, algunos tramitan permisos para llevar cajas de cerveza, cajas de refresco, frutas y artículos de plástico que son vendidos a muy buen precio. El efectivo venezolano también tiene un costo. Por ejemplo, por los nuevos billetes de 100 mil bolívares, en Maicao te pueden dar hasta 160 mil por transferencia”.

Los desafíos de un profesional

Román García es padre de familia. Hace 6 años se graduó de la Universidad del Zulia como odontólogo. Trabaja en dos consultorios; en la mañana en un dispensario popular y en las tardes en una clínica privada. García señaló que a pesar de contar con dos sueldos y todos los beneficios básicos que puede presentar un trabajador, la situación del país lo llevó a practicar la venta ilegal de gasolina.

“Gracias a Dios mis ingresos no están sujetos al sueldo mínimo; gano un poco más que eso. Pero aquí en Maracaibo el que no hace ‘marañas’ no puede ni comer, ni vivir bien”.

Este odontólogo expresó que a diario se moviliza las bombas de gasolina para llenar su tanque. “Después que paso horas en una cola para poder llenar el carro de combustible, me dirijo a mi hogar y coloco la gasolina en potes plásticos. Cuando veo que tengo suficiente, me dirijo a donde la compran”.

“En cada ‘pimpina’ puedo colocar aproximadamente 60 litros. Ellos están dispuesto a pagarme 8 mil 500 por cada litro, y el pago me lo dan en efectivo. Después los que me la compran se la revenden al triple a los conductores que van hacia Maicao, un municipio colombiano ubicado en el centro-este del Departamento de La Guajira. Cuando estos llegan a su destino, venden el combustible en pesos y la ganancia es mayor”, explica.

Para García esta actividad ha sido su única alternativa para poder contar con un poco de efectivo, ya que “aquí las personas tienen que dormir en los bancos para poder tener aunque sea 10 mil bolívares, que si te pones a ver, no alcanza para nada porque un pasaje interurbano ya está costando 1600 bolívares cuando el viaje es largo, y 1200 cuando es corto”. Del mismo modo agregó que “cuando vas al mercado un kilo de queso esta alrededor de los 80 mil bolívares si los cancelas con punto de venta, pero si lo cancelas con efectivo, el costo es de 60 mil bolívares. Una persona que gane en este momento sueldo mínimo no puede vivir porque cada día las cosas se ponen más costosas”.

El ‘centro’ de las maravillas

Aunque la escasez de medicamentos y alimentos afecta el desenvolvimiento de la vida cotidiana de todos los venezolanos, en el centro de Maracaibo vendedores ambulantes o los llamados ‘bachaqueros’ tienen cualquier tipo de medicamento, o artículo de primera necesidad.

Gabriela Hernández es hipertensa y vive en la capital de Venezuela. Se trasladó a la ‘tierra de sol amado’ para pasar unas cortas vacaciones con sus familiares. Actualmente está tomando Lorsatán potásico, un medicamento para controlar la hipertensión arterial.

Hernández señaló que en Caracas es muy complicado conseguir este medicamento, sin embargo en Maracaibo lo consiguió, aunque con un precio elevado. “Tenía ya dos meses sin tomarlo. Pude comprar una caja que contiene 30 pastillas, fueron 50 mil bolívares y los tuve que cancelar en efectivo, porque no cuentan con punto de venta”.

Asimismo expresó que no solamente pudo adquirir medicamentos, sino que consiguió artículos de primera necesidad, tales como “pasta, café, azúcar, arroz, toallas sanitarias a precios accesibles y sin tener que hacer cola”.