Quinto Día Online | Aventuras del Pensionado Heroico: con la CIA en la frente
Cartas del Lector
Aventuras del Pensionado Heroico: con la CIA en la frente
15 septiembre, 2017 | 12:00 am
El Pensionado Heroico recuerda las batallas por la Independencia y se lanza por estas calles en busca del pan nuestro de cada día, a sabiendas de que sin bastimento no hay vida, ni capacidad de movimiento, porque el alimento es energía.
Se para en la acera y avista una buseta, trepa y casi cae porque el chofer al verle el rostro de tercera edad trata de arrancar, pero este persistió en el agarre a la puerta y se quedó en la entrada. El chofer de todas formas, con cara de hermanita de la caridad, le dice: “colabore” y le extiende la mano. Él, de extracción pequeño-burguesa, pajuata, consumista y pantallera no le queda otra que pagar completo a la vista de los pasajeros. Y como si se tratara de un rodeo norteamericano del viejo oeste, empieza el corcoveo y los brincos del viejo vehículo, cuyo piso le falta en buena parte, para que una que otra dama le adviertan: “¡Cuidado, señor, se va por ese hueco pa’bajo!”. En este relincho le ceden un puesto. Un tipo se monta en la chatarra voladora y la mala suerte es que lleva una vianda y en uno de los saltos mortales de la buseta se le abre y baña de sopa de caraotas al Heroico. La marca de la CIA (Corriente Interna de Arrechera) aparece en su frente. El señor se disculpa, y el pensionado grita: ¡Déjame aquí! ¡Déjame aquí!
Al caminar por la calle busca afanosamente con qué limpiar su camisa y pantalón. Agarra un periódico de un pilón, donde se destaca la fecha de un año atrás en las cercanías de un quiosco. Oye una voz que le dice: “¡Epa, viejo! Esa pila no es de agua bendita. Esos son para los perros y valen cinco mil los veinte ejemplares. Dame doscientos cincuenta”. El gasto es enorme para el pensionado, calculando pensión, jubilación, costo de la vida y afines, pero no queda otra. Sigue su camino y la cola de la amargura desde la panadería le saluda la arrechera, y al llegar pregunta: “¿Cuál es la fila de la tercera edad?”. Un colectivo le responde: “Aquí todos somos iguales, tío. Toma este número y bájate con quinientos para dártelo VIP y haces una cola de dos horas, nada más”. La marca de la CIA aparece. El manganzón la nota y le dice: “Tranquilo, maestro, no se arreche”. Pasadas las horas y cercano al despachador, oye el grito de uno del colectivo: “¡Se acabó el pan! Vuelvan mañana más temprano”. El repartidor de los números tuvo un pelón. Se acerca otro de los de la pandilla del pan y le oferta una bolsa de pan con un sobreprecio de trescientos bolívares y le dice: “Maestro, tome, que había comprado dos bolsas”. El pensionado, a pesar de todo, se va con la CIA en alto, pero con pan.
Divisa a lo lejos un transporte, pero al ver que es el mismo del baño de “carautas” decide seguir a pie. A cierto trecho le llegan dos en una moto y escucha: “¡Tío, dame el reloj!”. El Heroico, apelando a la clemencia les dice: “Es de cuerda. Me lo regaló mi mamá”. El choro le replica: “Mama la del tetero”, y se lo quita.Y sonriendo, el otro motochoro le dice “Cuerdas tiene el arpa”.
Al fin llega el heroico a su casa, hambriento y sediento. Se dispone a degustar el pan y ¡Oh, sorpresa! El pan está viejo, duro como una piedra. Con pocos dientes recurre al rallo y lo acompaña de papelón y se lo zampa, pensando en la naiboa. Va al fregador, abre la llave del agua y… ¡No hay! Entonces el heroico, enardecido, abre la puerta de la calle y se coloca a la espera de la policía y al ver una patrulla, vocifera: “¡Viva la CIA! Soy guarimbero, ‘trumpista’. Llévenme pa’la tumba, por lo menos ahí sabe uno donde está para’o. ¡Maestro era Prieto Figueroa y se murió!”. Los policías, ante el hecho comentan: “¡No me jod…! Ese viejo tiene pinta de loco, debe ser ‘madurista’. No le hagas caso”. Y así el Pensionado Heroico, también conocido como Juan Pendejo, siguió con la CIA en la frente.
Tony Rivera Chávez
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