Quinto Día Online |

Cartas del Lector

26 enero, 2018 | 12:00 am

Enseñar en tiempos de crisis

La labor docente nunca ha sido sencilla; la noble tarea de formar a los jóvenes para encaminarlos por el camino del bien hacia la rectitud y la construcción de valores morales y ciudadanos, continuamente se ha visto empañada por dificultades que han contribuido a mermar la calidad de la enseñanza que se imparte en las aulas venezolanas.

Estas vicisitudes que caracterizan el espectro formativo nacional van desde el notable deterioro de las infraestructuras escolares, la obsolescencia y limitada dotación de las instituciones de enseñanza, aunado a la escasa renovación de los recursos didácticos utilizados por el magisterio, que ha propiciado una desmejora constante en la calidad educativa en el país.

A esto se suma la disminución en el nivel de vida del docente, cuestión que repercute negativamente en su desempeño laboral. Al deterioro de las condiciones económicas experimentadas por la mayor parte de los venezolanos en las últimas décadas, se suma el desdén existente en la actualización de los marcos legales y contractuales que rigen el ámbito educativo.

La crisis económica que golpea a los hogares venezolanos indirectamente ha conducido al incremento de la deserción escolar; cuantiosas experiencias de estudiantes que abandonan sus estudios para insertarse en el mercado laboral y contribuir en el sostén del hogar o la situación de colegiales que no asisten a las instituciones de enseñanza porque sus padres no tienen para alimentarlos.

Escolares a los cuales la delincuencia les ha arrebatado el padre, el hermano u otra figura cercana, que aún mantienen el resentimiento porque no pueden explicarse la pérdida de ese ser querido. Niños cuya única figura de autoridad conocida es la del malandro, al cual respetan y en algunos casos admiran.

La escuela viene a ser el reflejo de ese país en crisis, el lugar en el cual se drenan las realidades de la sociedad. Un recinto que más allá de ser un lugar de paz, se ha convertido en un centro de cuido donde muchos padres van a deshacerse por un rato de la responsabilidad de estar atentos de sus hijos, dejándolos a cargo de un docente que muchas veces no se da abasto para dar respuesta a tantas y tan disímiles realidades que presenta el estudiantado venezolano.

En fin, un panorama nada alentador para la actual generación de estudiantes y maestros venezolanos, con el agravante que las oscuras situaciones que experimentan los educandos de hoy, serán reflejadas por los adultos del mañana; esos adultos que serán los responsables de conducir nuestra sociedad.

Es tarea urgente brindar solución a todas estas problemáticas que asedian la labor docente en el país. Desestimarlas en este momento, será trasladar el problema más allá en el tiempo, con la desventaja que las situaciones que fácilmente pueden solucionarse hoy, cada vez se profundizarán más, repercutiendo en cualquier plan de desarrollo que pretenda impulsar la sociedad venezolana en el futuro cercano.

Eduardo J. Marín

C.I: 17.612.599 / (0416)121 94 91