- PAÍS
- INTERNACIONAL
- ENTREVISTA
- ECONOMÍA
- NOMBRAMIENTOS
- INDICE
- OPINIÓN
- CARTAS DEL LECTOR
- BANFINANZAS
- DÍA A DÍA
- MARKETING MIX
- SALUD
- COLUMNAS
Se encuentra usted aquí
Inicio › UltrasecretosUltrasecretos
El martes, cuando apenas un precandidato, a quién pocos conocen, apareció por las montañas de Yaracuy y “disparó” contra los resultados de la MUD, el Tribunal Supremo de Justicia, en una de sus salas ordenó suspender la destrucción de los cuadernos de votación. El denunciante dijo haber visto supuestas irregularidades en el centro de votaciones. Dio tantos detalles que llama a sospechas ¿de dónde viene?, ¿quién lo encargó? Un juego peligroso e innecesario. La presidenta del CNE, 24 horas antes, había garantizado la transparencia de los actos del Consejo Nacional Electoral, tras sugerir la intención política de quienes como dirigentes de partido cuestionaron el conteo de las Primarias. ¿Es acaso la respuesta a la señora Lucena, la aparición de este demandante? ¿Qué busca el propio TSJ con una decisión tan apresurada? ¿Nos garantizará la transparencia de un juicio tan expedito? Confieso que este incidente no sea un evento más en la judicialización de la política.
Hay otros elementos para el análisis y si yo fuera el gobierno, me detendría en ellos. Los días previos a la elección del 12F, el país fue testigo de largas cadenas y largos discursos. Promesas y descalificaciones eran su signo. Nada faltó por decretar. Desde casas hasta neveras, vehículos y dinero en efectivo. Alguien dice que una elección no se gana o se impide con dinero. Es el mensaje. El dinero ni habla ni vota.
Tan sorprendido como los otros ha debido estar el líder de AD. La orden de votar por Pablo Pérez se perdió. O llegó y no encontró eco. Los votos no siempre son endosables. La voluntad del colectivo no es de fácil transacción. Unos adecos descontentos. Unos chavistas descontentos aterrizaron en la nueva generación. Todo tiene una palabra: Hastío.
Diosdado Cabello habló de las cifras y en el mismo tono lo hizo Jorge Rodríguez. Para ellos fueron cifras adulteradas. No cuadraban en las matemáticas. Pero la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, tenía otra posición. Garantizó la transparencia de las actuaciones del Consejo Electoral y de las actas entregadas a la MUD. Dijo más todavía. Las declaraciones de actores políticos son políticas. Fue el golpe de gracia a una polémica que murió nonata. Muchos no encontraron explicaciones a las denuncias de Cabello y Rodríguez. Ni Jaua se atrevió a acompañarlas. Se limitó a exigir a la oposición que, con igual entusiasmo reconocieran el triunfo de Chávez en octubre. Sin embargo sí hay una explicación. Los “actores políticos” hablaban no para el país. Lo hacían para tranquilizar a su gente un tanto desconcertada por el 12F. Un sedante oportuno. No sé si será efectivo. Rodríguez sabe eso. Es un buen psiquiatra.
Febrero 2012 pasará a la historia política de Venezuela con dos fechas que ningún sector olvidará fácilmente. Dos fechas que cada sector de esta confrontada sociedad política celebró a su manera. Unos mostrando las armas y otros mostrando votos.
Unos justificando un golpe contra un presidente electo en democracia, los otros reivindicando el sentido ideológico de la democracia. Frente a fusiles, tanques, caras pintadas y oficiales gritando liberación y su fuerza del 4F, apareció el desfile silencioso de tres millones de almas que al caer la noche gritaban alborozados el reencuentro del país que han soñado desde que la oposición decidió la propuesta de lo que llamaron el proyecto de los votos. El conteo concluyó el 12F con la cifra de algo más de 3 millones. Fue una noche de júbilo para los convocantes y de rabia para quienes desde el poder predicaban el fracaso opositor. Porque digan lo que digan, la concurrencia arruinó la “epopeya”. No es un secreto que Miraflores, centro de la revolución, apagó muy temprano sus luces. Estaba su líder tan sorprendido como su sala de situaciones que habían ridiculizado la gesta de la MUD.
Admítanlo o no, esperaban un vacio en los centros de votación. Pero qué ocurrió. Un informe de sus propios cuerpos de Inteligencia se encargó de llevar la amargura. No sólo indicaban informantes votaron opositores rabiosos, también lo habían hecho gente hasta ese día juramentados de la “revolución”. Fue en definitiva, un voto en contra. Es la secuela del hastío social. La gloria también cansa si detrás hay una retórica de incansable revanchismo. Y eso ocurrió. No son los tres millones. Es lo que se oculta detrás de esa cifra.
Hay otros números a destacar. El candidato más votado fue Carlos Ocariz. Más de 250 mil votos para un Estado escogido por el líder del chavismo, para enviar a uno de sus mejores hombres. En Aragua un estado del proceso, sorprendió con los votos a Richard Mardo, un joven de la nueva generación. Fue el segundo más votado con 150 mil y tantos sufragio, justo el mismo día que el Jefe anunciaba la candidatura de su gobernador Isea, en un desfile de tropas y tanques diseñados para sacarle gente a la elección del adversario.





