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De una fama montada sobre la espectacularidad de la Justicia, a una condena enjuició a dictadores, políticos, en España y fuera de España
Augusto Pinochet debe estar saltando en su tumba. El juez que lo condenó ha caído y cómo. Baltasar Garzón ha sido inhabilitado por 11 años y eso es el fin de su espectacular carrera en la justicia. “—Nos han tocado, pero no hundido”, dice su hija en una carta pública, tras conocerse el fallo del supremo.
La prensa nacional e internacional se ocupó del juicio. Para New York Times la condena a Garzón es un atentado contra la justa administración en contra de los delitos. La prensa de París, también condenó la condena.En España hay alegría y tristeza. El diario ABC de Madrid, por ejemplo colgó en su página el siguiente texto.
<<Siempre polémico, a menudo conflictivo, y ahora castigado como un juez prevaricador —desde ayer sin el recurrente «presunto»—, Garzón impulsó su carrera desde 1988, cuando fue nombrado magistrado en el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional. «Dos» del PSOE por Madrid Azote de ETA y de su brazo político — como muchos otros jueces y fiscales de la Audiencia—, del narcotráfico internacional o de la «X» de los GAL, también fue el juez ubicuo de la «memoria histórica» que quiso «juzgar» a Franco; el de la «operación Gürtel» contra el PP; o el que impulsó el arresto de Augusto Pinochet en Londres, generando un complejo conflicto diplomático que alimentó su fama más allá de nuestras fronteras.
De origen humilde e hijo de un empleado de gasolinera (nacido en Torres, Jaén, en 1955), Garzón se licenció en Derecho en 1979 para aprobar las oposiciones dos años más tarde, con el número 11 de su promoción.
Entre sus primeras causas instruidas contra ETA figuran la del atentado contra el convoy de la Guardia Civil en la plaza madrileña de República Dominicana; la de los comandos culpables del asesinato de la etarra arrepentida Dolores González Catarain, alias «Yoyes»; o los asesinatos de los militares Carlos Besteiro y Ricardo Sáenz de Ynestrillas. En 1989 fue el primer magistrado que se desplazó a Francia a interrogar a etarras. En 1992 interrogó en París a la cúpula etarra desmantelada en Bidart. Todos eran casos de enorme repercusión en una España que empezaba a asentarse en su periodo postransición.
En los inicios de los noventa, el narcotráfico se sumó a la carpeta de los «casos estrella» de Garzón, dirigiendo espectaculares operaciones como la «Nécora», «Pitón», o el desmantelamiento de la Unidad Central Antidroga de la Guardia Civil (Ucifa).
Pero en 1993, Garzón dio una efímera vuelta de tuerca a su carrera cuando decidió que sus siglas políticas serían las del PSOE, como independiente. Fue el fichaje estrella —cómo no—de un Felipe González que ganaría sus últimas elecciones con Garzón de número 2 en su lista por Madrid.
En su polémico reingreso a la Audiencia Nacional, Garzón decidió que tras las siglas «políticas» del PSOE, era hora de las «judiciales» del GAL. Se le atribuyeron unas ansias de venganza contra González por no haber sido nombrado ministro: en 1991, reabrió el «caso Amedo», y en 1994 se hizo cargo de un sumario que estaba a punto de prescribir, «caso Segundo Marey», por el cual acabarían en prisión el ex ministro José Barrionuevo, el ex secretario de Estado Rafael Vera, y el ex director de la Policía Julián Sancristóbal. Era septiembre de 1998.
El caso por las irregularidades de la Expo de Sevilla también llegó a sus manos, aunque acabó archivado.
Durante los años siguientes, Garzón siguió acumulando casos estrella como si la arquitectura judicial de España pasara siempre por su toga. El entorno de ETA centró su actividad: clausura del diario «Egin», «red de Herriko-tabernas», KAS, Xaki, EKIN, Segi, Jarrai...
Pero España no era suficiente para Garzón. En octubre de 1998 impulsó la detención de Pinochet en Londres. El juez español se había hecho cargo de la investigación de los desaparecidos españoles durante la dictadura argentina y chilena. Garzón daba una vuelta más a su currículo en el ámbito de la «justicia universal». Sin embargo, y tras un tenso año y medio, el gobierno británico denegó su extradición y liberó a Pinochet. Fue un primer gran revés para el juez estrella español. El «caso Lino» (2001-2007), por el cual se imputó a la ex ministra de Agricultura popular Loyola de Palacio y otras 61 personas, fue otros de sus reveses. Finalmente no había delito. La figura del Garzón más político volvió a surgir al rebufo del «No a la guerra» de Irak en 2003.
Tras su excedencia en Estados Unidos (2005), el juez Garzón se metió de lleno en la polémica de la autoría de los atentados del 11-M. De nuevo se situaba en el centro del titular. También instruyó el caso de «Fórum Filatélico». El chivatazo del «Faisán», la investigación de la «memoria histórica» y la «operación Gürtel» fueron otros de sus últimos casos.
Las travesuras del hijo
El 3 de julio de 2009, Baltasar Garzón Molina, hijo del juez de instrucción de la Audiencia Nacional, conducía de vuelta a su casa por la A-6. Eran las siete menos cuarto de la mañana de un viernes y una patrulla de la Guardia Civil le da el alto. Le impone una sanción de 300 euros, la pérdida de cuatro puntos y la retirada del permiso de conducir durante un mes. El expediente, al que ha tenido acceso La Gaceta, explica el motivo de la multa: “Conducir de forma negligente, creando riesgo para otros usuarios. Circular por el carril izquierdo, no guardando distancia de seguridad con el vehículo que le precede, cambiando bruscamente de carril sin señalizar con las advertencias ópticas correspondientes y coger súbitamente la salida a la derecha”.
Esto es lo que dio de sí el Opel Astra que conducía el hijo de Garzón a aquella temprana hora de la mañana. Puesta esta primera sanción, la pareja de la Guardia Civil le insta a hacerse la prueba de alcoholemia. 0,54 miligramos A las nueve menos veinte de esa misma mañana, y todavía retenido en el arcén, a Baltasar Garzón Molina se le abre otro expediente y se le impone una nueva multa. El motivo es “circular con tasa de alcoholemia en aire expirado superior al 0,25 miligramos por litro. Sobrepasando 0,50 miligramos en la primera prueba y 0,54 en la segunda”. El hijo del juez Garzón ha infringido el artículo 20.1 del Código de Circulación y se le impone una sanción de 600 euros, la pérdida de otros 6 puntos y, de nuevo, la retirada del carné de conducir. Conducir en estado de embriaguez, como delito que es, supone la apertura de diligencias penales, aunque es un delito que no se “reseña”; esto es, no se ficha al que lo comete; pero sí supone la imposibilidad de volverse a subir al vehículo. En ese momento, el hijo de Garzón hizo una llamada y, poco después, dos de los escoltas de su padre se personaron en el punto kilométrico en el que estaba retenido.
De acuerdo con los testimonios de la Guardia Civil, estos dos escoltas, policías nacionales de profesión y destinados como funcionarios públicos al servicio del juez para salvaguardar su vida, intentaron “arreglar” el asunto, aunque sin éxito, ya que los miembros de la Benemérita no accedieron. Finalmente, uno de los escoltas sube al chico al coche con el que han acudido a recogerle y se lo lleva a casa. El otro es el encargado de conducir el Opel Astra y alejarlo de la A-6. La segunda de las sanciones todavía puede encontrarse hoy en Internet, en una de las páginas de empresas que se ofrecen para la gestión y posible retirada de las multas de tráfico. No parece que fuera ésta la primera vez que los escoltas de Garzón se ven obligados a obedecer peticiones peculiares. A finales de 2008, varios medios de comunicación se hicieron eco de otra situación: un matrimonio increpó al juez en la calle, preguntándole porqué no se ocupaba de cosas importantes en lugar de investigar el “alzamiento del 36”, y dejaba ya “en paz a los muertos”. Tres de los escoltas siguieron al matrimonio al interior de un comercio y les presionaron hasta obligarles a identificarse.
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