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Tengo miedo de regresar a Amuay
Justo Barráez Pérez

 

Ø    Un sobreviviente de la tragedia, con 30 años en la industria, cuenta cómo pudo salvarse. Su compañero tomó la ruta contraria y murió frente al comando de la Guardia

 

Atilio Amaya López vive en una humilde vivienda en el sector Libertador del barrio Creolandia del municipio Falcón. Tiene más de 30 años trabajando en la industria petrolera. Se desempeña como vigilante de la contratista Reimca. Le dio por ser vigilante, igual que su papá. Su segunda casa ha sido el Centro Refinador Paraguaná (CRP), donde ha sido mecánico, chofer, andamiero y capataz de áreas verdes en las refinerías de Amuay y Cardón. Su hoja de trabajo la reseñan muchas contratistas entre ellas: Rivaco, Afran, Vamenca, Reimca.

Es un sobreviviente de la tragedia de Amuay. Tiene 54 años y mide 1.76 de estatura, el color de su piel es morena y sus manos son gruesas. Tiene la mirada perdida, casi siempre mirando hacia el cielo, quizás en un gesto de agradecimiento, que no se atreve a revelarnos.

Amaya López, nacido en San José de Cocodite, municipio Falcón, está casado con Lesbia Vallés, con quien tiene tres hijos: Hender, Santiago y Ángel.

Aunque es un hombre que habla poco, lo hace con mucha firmeza, acentuando cada palabra. No pudo evitar las lágrimas al narrar lo sucedido esa madrugada del sábado en la Refinería de Amuay del Centro de Refinación Paraguaná en el estado Falcón.

“Llegué a mi guardia, que era a las cinco de la tarde. Estaba muy contento porque era viernes y me dediqué a mis labores rutinarias. Conduje un camión por las zonas donde hacemos la vigilancia. Regresé al patio número 10 del área de contratistas, a eso de las 12:30 minutos de la noche. A esa hora ya el gas estaba invadiendo todo esa zona”.

Su rostro ensombrecido refleja la angustia del momento vivido. “Me llamó el compañero Yonny Thies de la contratista CHP y me dijo: ‘Atilio salga de allí lo más pronto posible’. Y le avisé a mi compañero, Sael Camacho. Eran ya las 12:45 minutos de la noche cuando me monté al  camión para escapar, pero se me apagó por los gases. Lo dejé en el patio 10  y empecé a correr, junto a Sael, hasta llegar al patio número 5 donde nos encontramos con un vigilante de contratista, quien nos dijo que tomáramos la puerta de la vía del Comando de la Guardia”.

El rostro de Amaya se contrae en una mueca ante el recuerdo. “Yo no le hice caso al vigilante y seguí corriendo en contra de la brisa que era muy poca pero se sentía. Mi compañero Sael tomó otra vía, la de la carretera que va al Comando de la Guardia Nacional Bolivariana. Mientras tanto, yo brinqué una pared, que por cierto se cayó antes de la explosión, por los lados de la empresa Puramin. Al saltar y en segundos sentí la primera explosión y allí me caí. No podía oír por el fuerte ruido. Me pare y seguí corriendo porque en ello se me iba la vida”.

Se detiene en el relato. Trata de contener la tristeza, se sobrepone y continúa. “Me caí varias veces, pero me levantaba y seguía y solo pensaba en  mis compañeros que habían tomado rutas distintas. Llegué a la avenida Alí Primera y, por primera vez, miré hacia atrás y todo eran llamas hacia la entrada de la refinería y al Comando de la Guardia, todo eran llamas, era tanto el humo  que no se podía ver nada. Tomé un  taxi y llegué a mi casa. Vi a mi familia y les dije: ‘fue un milagro que me salvara’. Después me fui al hospital Dr. Calle Sierra para que me atendieran”.

Aunado al sentimiento que llevaba, Amaya López debió enfrentar lo que se vivía en el hospital. “Allí todo era llanto y dolor por parte de los familiares de las víctimas, quienes llegaban sumergidos en la desesperación”.

¾  ¿Tu compañero Sael, el que siguió otra ruta, también logró ponerse a salvo?

¾  (silencio) No, lamentablemente Sael Camacho no corrió la misma suerte que yo y murió cruzando la pasarela frente al Comando 44 de la Guardia, en la autopista Alí Primera. El otro compañero, Yonny Thies, quedó hospitalizado. Esto no se lo deseo ni al peor enemigo.

¾  ¿Que se siente además de esa impotencia y rabia?

¾  (Mira hacia el cielo) Mucho miedo y temor. En mi experiencia en la industria petrolera ésta es la mayor tragedia que he vivido. Tengo miedo de regresar a Amuay. Mi hijo me dijo: vamos a pasar por la refinería para ver como quedó. Y le dije: no, vámonos para la casa no quiero saber nada por el momento.

¾  ¿Has hecho cursos de Seguridad?

¾  Si, muchos cursos, entre ellos H2S, espacio Confinado y varias charlas de seguridad por parte de la contratista Reimca.

¾  ¿En los 30 años de experiencia en la Industria Petrolera han ocurrido otros accidentes similares?

¾  Como éste jamás. Trabajé en el año 1984 en la Fluor, donde hubo un accidente pero lo controlaron muy rápido, pues existían muchos equipos modernos para la época y ante cualquier evento existían formas coordinadas, pero una explosión de esta magnitud  como la del sábado, jamás.

¾  ¿El área de trabajo donde estaba quedó muy afectada?

¾  No se, pero me dijeron mis compañeros que la empresa Reimca perdió una grúa, comedores y equipos.

¾  ¿Qué les pide a los responsables de la seguridad de la refinería Amuy?

¾  Le pido al personal de Seguridad de la Refinería que tomen medidas más claras, precisas, para que nunca más se repita un accidente así.

 




Número de Edición: 
816

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